KAREN Y MARTHA



Karen y Martha son amigas desde que tenían 17 años. Se graduaron juntas y  dirigen una Escuela Privada para niñas de clase alta. Son unas profesoras excelentes que además tienen una magnífica reputación entre la comunidad. Un incidente con una de sus alumnas va a desencadenar toda una tragedia. 

Con esta premisa William Wyler dirigió la adaptación al cine de la obra de Lilian Helman llamada “The Children’s Hour” y distribuida en España con el título de “La calumnia”. Wyler tenía una espina clavada cuando en 1936 tuvo que adaptar  la polémica obra  de  Helman a la gran pantalla. Llevar en ese momento al cine la historia de dos profesoras de un internado que resultan acusadas de mantener una relación lésbica era impensable y Wyler filmó una obra notable, pero suavizada por los códigos de la época (el recién estrenado Código Hays o Autocensura de Hollywood).  La película contaba con Miriam Hopkins y Merle Oberon e introducía el personaje masculino de Joel McCrea para suavizar el texto de la dramaturga nacida en New Orleans.


Veinticinco años después la sociedad estaba cambiando, y Wyler pudo desquitarse haciendo la película que en un principio pensó. Estamos en 1961, el mundo comienza a desperezarse de todas las estúpidas convenciones sociales que han coartado las libertades de las gentes que simplemente querían vivir sus vidas. En este contexto surge la figura de uno de los directores sin los que no podemos entender el cine, William Wyler, capaz de entender como nadie la condición humana. Procedente del cine mudo siempre supo adaptar brillantemente a literatos de altura como Sommerset Maughan (“La carta”), Henry James (“La heredera”), Lewis Wallace (“Ben Hur”) o la propia Helman (“La loba”).  Brillante como pocos a la hora de retratar personajes normales, supo plasmar como nadie con una sensibilidad extraordinaria el regreso no siempre feliz de los combatientes de la Segunda Guerra Mundial en esa obra maestra del cine que es “Los mejores años de nuestra vida”. Precisamente una película imprescindible sobre la Segunda Guerra Mundial lleva su sello, “La señora Miniver” es un alegato al pacifismo, a la dignidad y a la abnegación. Defensor de ese pacifismo en westerns como "La gran prueba" y “Horizontes de Grandeza” que repite el esquema clásico del hombre del Este que llega al Oeste y cómo su educación choca con la rudeza instaurada allí. Tras más de tres décadas repletas de grandes éxitos aún sabría reinventarse según el género y en el otoño de su carrera pudimos verle obras tan extraordinarias como la claustrofóbica “El coleccionista” imbuido por la cultura pop del momento cual director novel o proporcionándole un papel para la historia a Barbra Streissand en el musical basado en la vida de Fanny Brice “Funny Girl”. 


En “La Calumnia” Wyler trabajó con una pareja de actrices inédita hasta ese momento. Shirley McLaine que venía de asombrar al mundo con “El apartamento” un año antes y una actriz que había maravillado a Wyler en su debut…Audrey Hepburn. Ambos coincidieron en 1953 en esa inolvidable historia que Dalton Trumbo tuvo que escribir bajo pseudónimo y que llevaba por título “Vacaciones en Roma”. Luego volverían a coincidir en una comedia muy pop llamada “Como robar un millón”.  Aquí sin embargo Audrey Hepburn que había ido cambiando la imagen que de ella se había forjado Hollywood, nos regala un papel memorable junto a su compañera de reparto en un duelo interpretativo de los más grandes que ha habido jamás en el cine. 


   Estamos ante una historia sobre la hipocresía y la falsedad, sobre convenciones sociales que lejos de regir un mundo mejor asfixian a quienes lo integran. La maestría de Wyler para tan solo a través de un plano donde una alumna irreverente y caprichosa susurra al oído de su abuela, dama importante de la comunidad, un secreto que no oímos pero que intuiremos posteriormente, nos enseña la sutil forma de rodar de este director. Esa bola de nieve que irá generándose a partir de ahí, ese reguero de pólvora que recorrerá las mentes obtusas de una sociedad malpensante que disfruta coartando la libertad de los que no piensan como ellos destrozará para siempre las vidas de las protagonistas. 


“La calumnia” trata esos amores que no pueden ser ni tan siquiera dichos en voz alta, de esos amores a los que ni tan siquiera se les concede pensar en ellos. Habla de represión, de pecado, de culpa, de un amor tan fuerte que eclosiona de forma virulenta. Cuando Karen y Martha mantienen la conversación clave en una de las escenas finales. El espectador sabe que el mal ya está hecho, que ya no importa la verdad, porque la verdad no puede reparar el daño producido. Todo queda impregnado de suciedad, de maldad.  En una secuencia memorable asistiremos a la catarsis del personaje de Martha, como su sentimiento de culpa le impedía reconocer su verdadera naturaleza, cómo ella misma es juez de un delito que no siéndolo se ha convertido en una losa imposible de soportar. 


El uso de los primeros planos nos acerca a los personajes de modo que los notamos tan cercanos, que se diría que son parte de nosotros. Karen lleva dos años con un novio que insiste en casarse pero ella siempre lo pospone, algo la retiene en ese colegio y no sabe lo que es. Martha es la fiel escudera de Karen, siempre han estado juntas, se han graduado juntas, abrieron el colegio juntas y su inquebrantable amistad está más allá de la vida y de la muerte. Un alumna ha destapado una mentira pero esta historia no va de descubrir o no la verdad, va del derecho de las personas a vivir sus vidas sin rendir cuentas a nadie más que ellos. Esa innata costumbre humana de regir las vidas ajenas supone un obstáculo insalvable en una sociedad maledicente que establece cómo se debe amar y a quién se debe amar. Filmada en un  prodigioso blanco y negro, la luz de esta película  la ponen dos actrices que emocionan desde la verdad. Cuando las vemos sufrir, atribuirse la culpa, sentirse morir,  es imposible sustraernos a ese dolor. Wyler toma la cámara y con delicadeza nos sumerge en los ojos indefensos de Martha y en la mirada lastimosa de Karen. La profundidad de foco es un elemento más dentro del lenguaje narrativo que usa el director. El dominio de la técnica cinematográfica le hace aún mejor cuando aborda la teatralidad de la historia. Sabe mantener el ritmo y pulso necesario para una obra de teatro pero a la vez introducir los elementos que solo el cine puede aportar.  
 

Es aquí cuando William Wyler nos regala un travelling prodigioso en el que Karen camina con la vista al frente, orgullosa como nunca, libre por fin, mientras la sociedad hipócrita e inquisidora busca en el rostro de la profesora el perdón a sus pecados, la comprensión que nunca fue capaz de dar y la clemencia por extender una calumnia que nunca sabrán que realmente no lo fue.  

Rubén Moreno                                                                                                                                                                             


Comentarios

Entradas populares de este blog

OCHO MIL CAPAS

LA VOZ DORMIDA

EL SENTIDO DE LA VIDA