SACUDIENDO NUESTRAS CERTEZAS
Decía Godard que una historia debía tener un comienzo, un
medio y un fin, pero no necesariamente en ese orden. A finales de octubre de
1963, Jean Luc Godard rodaba “El desprecio” (“Le Mepris”), una obra imprescindible en la filmografía de un
director que nos ha enseñado a mirar al cine de un modo distinto.
Godard construye a través de un modo original una historia
de amor/desamor que desafía los patrones estructurales que hasta ese momento el
cine establece. Si en cualquier historia de amor los personajes son puestos a
prueba y la superación de dichas pruebas les lleva a una especie de culminación
feliz donde el espectador sale satisfecho, en esta cinta Godard invierte los
términos y comienza el film con un plano maravilloso de felicidad entre
Brigitte Bardot y Michel Piccoli y posteriormente establece un progresivo
deterioro que va en paralelo a la actitud del personaje de Camile (Brigitte
Bardot) que pasa de la desnudez de ese primer plano a la opacidad en el resto
de la cinta. La actitud inaccesible que va transmitiendo, la sensación de desconcierto
que lleva al espectador a no entender el por qué de sus posteriores reacciones,
todo va a entroncar con un maravilloso discurso de Godard a través de sus
ineludibles referencias cinematográficas.
Tomando como constante la falsedad, el engaño y el artificio
propio del cine, establece una conexión brillante entre los personajes de la
cinta de Rosellini “Viaggio en Italia” y sus protagonistas. Al igual que estos
nos muestra el deterioro emocional entre la pareja que paulatinamente va convirtiéndose
en desprecio mutuo.
A todo lo anterior Godard une su maravilloso talento a la
hora de contar historias a través de la cámara. El modo en que nos narra cómo
la relación está a punto de romperse destaca por su originalidad, por su
intencionalidad. La cámara se fija de perfil y lentamente va moviéndose de
izquierda a derecha creando entre los personajes un espacio que simboliza el
abismo que comienza a abrirse entre ellos. Para remarcar aún más esa idea de
relación a punto de estropearse definitivamente introduce una lámpara cuya luz
parpadea anunciando el final de la luz. Esa manera de jugar con la luz ya la
había establecido en “A bout de souffle” en la escena del cine con el proyector
para subrayar la idea de volubilidad del personaje de Jean Seberg y su relación
con Belmondo.
El manejo de los colores y la idea del tiempo que pasa a
demasiada velocidad son dos elementos que definen la historia de su relación.
Todo esto está rodado a través de planos en apariencia inconexos que sin
embargo son una muestra de deseo como decíamos de suspender el tiempo cuyo
ritmo el personaje de Piccoli demuestra no poder ya controlar.
“Le Mepris” supone quizá el primer film que comienza a alejarse
del movimiento de la Nouvelle Vague. Si la frescura, la agilidad, la inmediatez
la han definido hasta ese momento, es
aquí donde eso parece comenzar a quebrarse, al menos en cuanto a Godard se
refiere. Esta es una película muy reflexiva, solemne, incluso a veces
inexpresiva y eso la lleva a territorios inexplorados.
Desconfiemos pues de todos aquellos que creen poseer la
certeza de todo, Godard nos enseñó que no hay nada mejor que sacudir nuestras
certezas.
Rubén Moreno.

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