ENTRE EL DOLOR Y LA NADA


Entre el dolor y la nada, elijo el dolor...(William Faulkner) ...decía Michel Poiccard (Jean Paul Belmondo) en "Al final de la escapada" (Jean Luc Godard, 1960) y resumía la magia de su personaje, un pícaro que roba un coche en Marsella y acaba convirtiéndose en un asesino cuando se deshace de un policía en su huida hacia París donde debe vender el coche y escapar a Roma.
Esto que podría parecer un argumento típico de una película policíaca de serie B americana, en realidad era la excusa de Godard para reivindicar su espacio en el cine a través de una serie de innovaciones técnicas y sobretodo metodológicas que tiraron por tierra todo el academicismo anterior del cine galo.
El claro homenaje de Godard a los films policíacos sirve como vehículo para contarnos una historia de amor, sobretodo de Michel Poiccard hacia Patricia (una adorable Jean Seberg), que refleja en determinados momentos los aspectos más visuales que se han visto en el cine. La volubilidad del personaje de ella entronca perfectamente con la escena en la que un proyector va reflejando la luz y la oscuridad en una sala de cine donde ambos ven una película mientras se besan. La inconsistencia de su relación queda reflejada en las distintas emociones que reflejan los personajes a lo largo de la cinta. En medio de esa relación, Godard nos introduce en un universo plagado de insertos y símbolos. Mucho antes que Warhol o Lichtenstein, el director francés introduce claramente lo que posteriormente va a ser seguido como el movimiento pop. Las contínuas referencias que Godard hace a la literatura norteamericana, con citas a Faulkner o Dylan Thomas, los carteles de películas, la propia imagen de Poiccard, claramente inspirada en Bogart todo confluye en un escenario donde Godard nos tira a la cara los conceptos que habían regido el cine hasta ese momento. Sus innovaciones, muchas generadas desde la falta de presupuesto, son brillantes y absolutamente rupturistas. Echa por tierra todo lo instituido hasta ese momento en cuestiones de raccord (continuidad en el cine), fundidos en negro, etc...Su ya famoso "jumpin' cut" no es sino un elemento de absoluta libertad a la hora de filmar. Belmondo rompiendo la famosa "cuarta pared" para interpelar al espectador, la mirada de Seberg en el plano final creando un vínculo con el espectador solo había tenido quizá similar fuerza cuando Bergman en "Un verano con Monica" nos desafiaba a través del rostro de Harriet Anderson.
"Al final de la escapada" (A bout de souffle) es un ejercicio de didáctica en el cine, de libertad, de enseñarnos a ver el mundo de modo distinto, de contar historias donde lo que realmente importante es cómo se cuentan. La idea de contraponer en pantalla a los diálogos de la pareja el rostro del otro para que veamos su reacción mientras oye lo que su pareja le dice no se había visto hasta entonces. Esa idea de hacernos cómplices a través de un plano en el que podemos sentirnos identificados cuando la cámara no se planta ante el que habla sino ante el que escucha es de lo más brillante que se ha hecho en cine. Las luces y sombras, el ritmo vertiginoso de la historia, la forma de retratar un verano en París, ese majestuoso paseo por los Campos Elíseos mientras ella reparte el New York Herald Tribune y suena la música de Martial Solal , y Michel Poiccard con su ya famoso gesto de tocarse el labio con el pulgar en señal de complicidad, todo converge en una especie de cóctel mágico en el que el espectador al terminar de ver "A bout de souffle" pensará que el cine es algo tan maravilloso que si nos dan a elegir entre el dolor y la nada, como Poiccard elegiremos el dolor.
Rubén Moreno

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