AMOUR FOU

 


     Las historias que más han atraído siempre son aquellas que cuentan las cosas más sencillas, las que reflejan lugares comunes como las relaciones humanas, el individuo frente a la sociedad o temas tan recurrentes como el amor o la pasión.

“Cold War” de Pawel Pawlikowski mantiene la línea estética de la ganadora del Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa de 2013 “Ida”. Brillante a la hora de mostrarnos la Polonia de posguerra, Pawlikowski detiene la cámara, fija los planos, huye del manierismo como principal virtud y nos retrata una apasionante historia de amor entre Viktor (Tomasz Kot) y Zula (Joanna Kulig). Una historia absolutamente arrebatadora que tiene como trasfondo político e histórico la época del auge stalinista en la Polonia de los cincuenta.

Una historia de encuentros y desencuentros cuya potencia visual traspasa la propia pantalla. Con la complejidad que entraña explicar los sentimientos, el director polaco, ganador en el Festival de Cannes a la Mejor Dirección, nos seduce a través de una fotografía en blanco y negro que retrotrae al propio cineasta a su niñez. Como relata el propio Pawlikowski ₁ “…la Polonia que recuerdo en los cincuenta no era muy colorida y el uso del blanco y negro hace que sea más difícil caer en la arbitrariedad…”.

“Cold War” nos relata una pasión amorosa que se ve influida por el contexto socio-político que hace que los personajes busquen en el aire de París su forma de oxigenarse dando a su historia de amor continuidad. La importancia de la música y cómo el folcklore polaco se fusiona con reminiscencias jazzísticas en la capital gala refuerzan el contenido de la relación entre ambos. Una pasión llena de momentos plenos de discusiones y reconciliaciones en la que la única verdad presente es el amor que se tienen el uno al otro.

Con un cierto aire Tarkovskiano a la hora de filmar determinados momentos, Pawlikowski sin embargo muestra un estilo claro y conciso a la vez que propio. 

La carnalidad del personaje de Joanna Kulig nos hace pensar en una especie de Marilyn Monroe a la polaca, plena de sensibilidad y a la vez con un lado oscuro y autodestructivo que la hace siempre bordear el límite emocional. Anclada en una perniciosa negatividad, su pasión la hace estallar demasiadas veces. En contraste tenemos la calma del personaje de Viktor que quizá representa no sólo su pasión como hombre sino su universo particular. Para Zula, Viktor es todo lo que tiene y quizá eso simboliza demasiadas cosas a la vez.

Fascinante como casi siempre se muestra el cine polaco desde el primer Kieslowski de “No amarás” (“Krótki film o milosci”, 1988), pasando por su trilogía de colores o transmitiendo tan buenas vibraciones como Andrezj Wajda, Vertov o el mismo Polanski, cine pausado, sin concesiones. 

Sobria, eficaz, retratando la verdad de esa pasión enfermiza que traspasa los límites de la razón para acabar convirtiéndose en eso que los franceses tan acertadamente llaman amour fou. Radiografía de ese lugar común que son las relaciones tortuosas que provocan adicción y a su vez placer. Cine hecho desde la verdad, sin artificios innecesarios. 

En cualquier caso, una película extraordinaria que emerge con poderoso vigor dentro de una filmografía cada vez más interesante, en un director que hace del buen gusto un sello personal inconfundible.

Rubén Moreno





₁ “Entrevista Pawel Pawlikowski para Días de cine” TVE

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