EL DESARRAIGO

 

 

Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas.” (Henry Miller)

Nomadland” habla del desarraigo, de la dureza de la vida, de un sistema neoliberal que aplicado en su máxima expresión condena al ostracismo a todo aquel que queda fuera de la rueda productiva. Surge de la necesidad de contar una verdad incómoda y que no por dolorosa debe ser obviada. Debería avergonzarnos como sociedad que personas con más de setenta años vivan en caravanas o furgonetas y se tengan que ganar la vida en trabajos temporales mal pagados para poder sobrevivir los que se suponen deberían ser los mejores años de sus vidas.

Nomadland” es una preciosa película de Chloe Zhao sobre cómo afrontar ese drama y cómo utilizar el vigor personal de la protagonista para reivindicar a su vez otro modelo distinto de vivir. La directora prefiere no centrar la película en la crítica de este modelo abusivo, inhumano y desnaturalizado y centrarse más en el viaje interior que la protagonista, una excelsa Frances McDormand en el papel de Fern, realiza.

La tentación de idealizar un modelo de vida supuestamente basado en la libertad queda totalmente desterrada en el momento en que percibimos su intencionalidad. Esa América de grandes grupos empresariales basada en el interés individual que criminaliza la pobreza bajo el mantra del esfuerzo (“si no te va bien es porque no te has esforzado suficientemente”) se convierte en un gigante de pies de barro, incapaz de solventar las necesidades sociales de aquellos a los que va dejando atrás. 


El gran acierto, sin embargo, es no caer en discursos morales, huye de cualquier concesión y solo el hecho de ver a una anciana agacharse y levantarse durante diez horas de turno en un almacén de Amazon debería hacernos replantear qué modelo de sociedad tenemos.

Un universo de hipotecas subprime, fondos de inversión, créditos imposibles y demás estructura financiera que al colapsar provocan la mayor crisis económica desde el crack del 29 lleva a un segmento de la sociedad a quedarse fuera del Estado del bienestar, los convierte en proscritos mientras la rueda del capitalismo más salvaje las va aplastando. Ante la mirada arcillosa de sus protagonistas la actitud de la directora es simplemente colocar la cámara, ser testigo de excepción, mostrar la crudeza y el lirismo, lo poético y lo errático, …lo coherente y lo contradictorio.

Nomadland” aunque pudiera parecerlo, no es una exaltación de la vida nómada pero tampoco se otorga el poder de juzgar a los personajes. La cámara es un acompañante más de sus vidas, sus miserias, sus distintos modos de ver las cosas, su resignación o su liberación, el vigor de unos y la debilidad de otros. El deseo de echar raíces por fin, de unos personajes y las ganas de seguir explorando territorios personales de otros. Y además “Nomadland” es también una historia de amor susurrada y eterna. Una historia de amor que no termina con la vida porque Fern recuerda a su marido muerto a cada instante, y se impone la necesidad de seguir viviendo una vida plena cuando le falta un trozo de su existencia. Es precisamente ahí donde entendemos el por qué de las motivaciones de su personaje, es ahí donde entendemos cada una de las miradas y de sus gestos, y de cómo ya no pertenece a ningún lugar porque hubo un momento en su vida donde sí lo hizo. Y para ello Chloe Zhao huye de tópicos y muestra pinceladas, rellena espacios de subtexto, de miradas perdidas, de dolor soterrado, de gestos en apariencia sin importancia pero que definen al personaje. Un trastero viejo alquilado, un chaquetón usado al que abrazarse, un pueblo en Nevada que ya no existe porque Lehman Brothers,Goldman Sachs y demás gurús de la economía mundial acabaron con él...y pese a todo, los recuerdos que no se abandonan nunca, por eso como decía Henry Miller, el destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas y nuestra protagonista Fern tras la recesión decide emprender un viaje hacia sí misma, el único lugar donde realmente encuentra consuelo ante la pérdida de su vida anterior.

Nomadland” tiene además en la fotografía en un elemento fundamental que la convierte en una soberbia película llena a la vez de melancolía y de vivacidad. Su belleza consiste no solo en la estética sino en su sutileza formal. Esta especie de odisea donde la interpretación de McDormand nos sumerge, a través de su contención y verdad, en nuestra propia conciencia haciéndonos reflexionar sobre lo que percibimos. Un viaje hacia la nada para alcanzar espacios interiores donde ubicarnos. Una sólida apuesta por un cine intimista y personal que trasciende al espectador para situarlo en un plano introspectivo en el que el propio conocimiento se antoje imprescindible.

 Rubén Moreno

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