LA REDENCIÓN DE UN GENIO




Vista "Dolor y Gloria" no puedo más que decir que una vez digerida la película me he encontrado con la emoción de nuevo en el cine de Almodóvar. Desde este viaje de redención personal donde Pedro se nos muestra tal como es a través de su alter ego Salvador Mallo (Antonio Banderas) hasta su catarsis final asistimos a un ejercicio de desnudez sentimental que nos atrapa desde la verdad. 


Pocas veces ha transmitido Almodóvar tan claramente su lado más frágil, tan aprensivo... nos ha regalado un viaje casi confesional donde el epílogo se convierte en un maravilloso origen para resurgir. 


El declive personal en paralelo al ascenso profesional queda reflejado de modo brillante en una portentosa interpretación de Antonio Banderas que no cae nunca en la tentación de parodiar al director manchego. Estamos probablemente ante la mejor interpretación del actor malagueño, plena de contención, de sobriedad y de cercanía. 

Si Almodóvar siempre destacó por su universo particular y sus personajes femeninos, esta vez estamos ante una película de actores con mayúsculas. Desde un extraordinario Asier Etxeandia, pasando por un convincente Leonardo Sbaraglia, hasta llegar sin duda a uno de los personajes claves el pequeño Asier Flores que se apropia de la pantalla en cada plano. Almodóvar sin embargo guarda ese amor devoción a los personajes femeninos de sus películas a través de las interpretaciones femeninas de Julieta Serrano y Penélope Cruz, sin olvidarnos de Nora Novas, en el rol de su asistente y amiga fiel. 


Almodóvar nos hace transitar por territorios sumamente conocidos a base de sus inconfundibles referencias, ya sean musicales (Mina, Alaska o Chavela Vargas) ya sean estéticas (el uso del color rojo y los círculos) o intelectuales (pintura, literatura,...) y todo su cine pasa por delante nuestra de un modo u otro.
Su capacidad para llegar al espectador se ve incrementada desde cada una las líneas de diálogo tan pulcramente escritas. El deseo, la culpa, la fragilidad, la ausencia, la pérdida, el inequívoco aroma de nostalgia en cada uno de sus viajes al pasado en el personaje del niño ...todo está cuidadosamente rodado, sin excesos, sin la extravagancia de otras ocasiones y con una luz maravillosa que impregna de belleza cada secuencia.


El director manchego ha conseguido a través de este descenso a sus infiernos personales humanizarse aún más por cuánto nos ayuda a componer el personaje junto a él. En este tránsito casi autodestructivo Pedro alcanza la cúspide de su cine y lo hace en lo que podemos tomar como un ejemplo de cualquier cosa menos de autocomplacencia. 

La valentía de mostrarnos su lado más íntimo y personal empasta de modo perfecto a través de sus innumerables metáforas visuales, así como de ese vínculo que establece con el espectador a través de la secuencia del  monólogo en el teatro. 


Almodóvar vuelve a provocar emoción y lo consigue alejándose del exceso y la artificiosidad, sus luces y sombras actúan como eficiente antídoto contra sus fantasmas personales. Esa evocación del pasado a través del presente se cohesiona brillantemente con la necesidad de reescribir un futuro que se antoja esperanzador pese a todo. 


La audacia para vertebrar la narración a través de episodios en los que el director debe cerrar historias inconclusas para alcanzar por fin el sosiego y paz necesarios para resurgir con más fuerza nos lleva a disfrutar de nuevo del mejor Almodóvar en el sentido puramente cinematográfico, dejándonos ese poso de buen cine que nos muestra precisamente al séptimo arte como elemento fundamental para la reconciliación con uno mismo. 

Rubén Moreno

Comentarios

  1. A mí la película no me emocionó aunque está visual y narrativamente perfectamente construida. Hay algo de esteticismo en el cine almodovariano desde hace muchos años que le resta frescura y provocación que eran sus cualidades más destacables en su primer periodo.

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  2. Lo primero gracias por el comentario. Yo, sin embargo, en los últimos años había perdido la capacidad de emocionarme con su cine y de repente me vi en la sala sin darme ni siquiera cuenta pleno de emoción y sintiendo algo que hacía años no me ocurría con su cine .

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  3. A mí también consiguió emocionarme después de mucho tiempo. Ya en "Julieta" había empezado recuperar su pulso narrativo, y en esta película lo domina del todo. No es redonda... Pero es mágica e intensa

    Isabel G. Oliveros

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