LA FRAGILIDAD DE LAS COSAS QUE IMPORTAN
¿Hasta dónde somos capaces de
llegar si tememos perder lo que más queremos? Esta es una pregunta de difícil
respuesta y que cada ser humano sentirá como distinta.
“Todos lo saben” (2018) es una
película que plantea diversas cuestiones morales y que habla de cómo dependemos
de las acciones pasadas para seguir construyendo nuestras vidas a través del futuro.
A pesar de no alcanzar las cotas de emoción o dramatismo de “A propósito de
Elly” (2009) es inevitable recordar esta cinta a la hora de hablar de esta
especie de thriller que el director iraní Asghar Farhadi ha filmado aquí en
España.
Huyendo pavorosamente de la
interminable lista de tópicos que caracterizan las producciones extranjeras que
retratan nuestro país, este es un thriller
atípico donde al final lo que menos importa es precisamente la resolución del
mismo. Planteado a través de una especie de macguffin que parece vertebrar la
historia, es sin embargo tan solo, un pretexto para hacernos reflexionar sobre
la condición humana. Algo que Farhadi siempre logra con su cine, en mayor o
menor medida.
Convertido ya en una referencia
indispensable para entender el cine iraní, Farhadi construye unos personajes
llenos de aristas que siempre esconden más de lo que muestran. Tras esa obra
maestra que es “Nader y Simin, una separación” (2011) nos ha dejado dos obras como “El pasado” (2013) y “El viajante” (2016)
que confirman su impronta como referente del cine persa en el mundo. Ante esta
filmografía totalmente ascendente, su incursión en territorio patrio, saliendo
de la zona de confort de su Irán natal,
como ya hiciera al rodar en Francia “El pasado”, la película refleja de forma
brillante un pueblo español con reminiscencias lorquianas donde la tragedia va
apareciendo junto a viejas rencillas, pecados de juventud o intrigas
familiares, todo tratado desde la mesura, sin estridencias. Eficaz a la hora de
retratar el contexto de la historia, el director iraní consigue, en un arranque
magnífico que se prolonga con la celebración de la boda, presentar a todos los
personajes de modo claro y conciso. Hasta el momento en el que la tragedia está
a punto de aparecer, el color y esa maravillosa fotografía de José Luis Alcaine
lo inundan todo. La fisicidad del terreno, que casi podemos sentir cuando
Bardem aplasta uvas con la mano o la luz que irradian esos campos llenos de
viñedos nos sumergen en algo que no nos es desconocido. Ese modo de reflejar
una España de señoritos y campesinos sin subrayados innecesarios, solo con un plano donde unos ancianos miran fríamente
una celebración que les es ajena es mucho más meritorio cuando el director no
es español sino iraní.
Filmada con pulso nervioso la
cámara oscila cuando la tragedia acecha, el vértigo se cierne sobre el
espectador queriendo empatizar con la madre desesperada, Laura, una Penélope
Cruz ya aferrada de modo eficiente a ese papel que tanto domina, esa especie de
Anna Magnani que ya dibujó con Pedro Almodóvar en “Volver” (2006) o
recientemente en “Dolor y Gloria” (2019). Los ojos de Laura dicen mucho más que
sus palabras cuando en uno de los planos mira a su marido (Ricardo Darín) a
través de la decepción, la desesperación de poder perder lo más preciado, la
fragilidad de sentirse vulnerable va tejiendo una maraña de sentimientos
encontrados y pequeños secretos que hacen al espectador transitar por el drama
y a la vez por el thriller, siendo precisamente aquí donde quizá pierda fuerza
la película. La brillantez de la primera parte desaparece para dar paso a una
especie de apresuramiento en acabar la trama que lastra la cinta hasta ese
momento impecable. Lo intuido ahora se torna evidente y eso le hace perder
frescura, por otro lado el majestuoso trabajo actoral del film reconcilia al
espectador inmediatamente. Desde Eduard Fernández, pasando por Ramón Barea,
Elvira Mínguez o la siempre solvente Inma Cuesta secundando todos al trío de
titanes que protagonizan la historia, Bardem, Cruz y Darín. Estos lo inundan
siempre todo con su presencia, especialmente Javier Bardem que nos deja un
plano eterno con esa especie de sonrisa de felicidad mirando hacia arriba. Aquí,
no obstante, les surge una competidora
excelente en esa actriz que todo parece hacerlo fácil siempre y que es Bárbara
Lennie. Su fluidez a la hora de interpretar de forma natural cada vez es un
seguro para cualquiera de sus actuaciones. Aquí no es una excepción y
sencillamente es de lo mejor de la película en un rol no protagonista pero sí
más que importante.
La película franquea el terreno
del drama y el thriller y como decíamos es en el drama donde mejor se mueve. A
pesar de las justificaciones de guion para la resolución de la trama, Farhadi
parece dar menos importancia a esto y construir la historia a través de
metáforas como los relojes, la luz o la pureza del agua que todo lo limpia. Si
el espectador espera un thriller al uso es probable que salga decepcionado por
cuanto carece de algunos de los elementos claves del género pero si lo que el espectador
consigue percibir es algo más que eso, entonces es seguro que al acabar de ver “Todos
lo saben” sienta que ha visto otra vez una gran película de Asghar Farhadi
Rubén Moreno

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