MÁS ALLÁ DEL OLVIDO
Hay historias que no se ven; se habitan. “El diario de Noah” (Nick Casavettes, 2005) no es únicamente el relato de un amor juvenil, con toda la fragilidad que ésto conlleva, no es un cuento de amor entre adolescentes que sobrevive a las tormentas del tiempo y la distancia. No es una historia romántica que lucha contra la diferencia entre clases sociales, es todo eso y mucho más, porque ante todo es un refugio de cine sobre la memoria, sobre la devoción y la terquedad poética de negarse a olvidar.
Un verano sureño, donde los mundos opuestos de Noah y Allie colisionan, se convierten en tormenta que desordena todas las certezas. Un romance construido desde el vértigo que huye de la calma, instalado en la urgencia visceral de los que descubren que su existencia solo cobra sentido en la mirada del otro, pero ante todo la naturaleza de la historia, su verdadero corazón, no reside únicamente en ese ardor juvenil de los primeros años, sino en la marea silenciosa de la madurez, justo lo que la eleva como historia eterna.
La sensibilidad con la que Casavettes esquiva el cinismo contemporáneo le hace transitar por una narrativa que nos traslada desde la luz dorada de la juventud a la sobriedad del crepúsculo cuestionándonos como espectador hasta dónde es capaz la voluntad humana de llegar cuando el cuerpo y la mente amenazan con desvanecerse para siempre. La respuesta, escrita con paciencia, en las páginas de un cuaderno desgastado nos muestra la determinación de quien se resiste a ser doblegado por el tiempo, la ciencia y la memoria.
“El diario de Noah” no es un drama romántico, es un tributo a la permanencia. Dentro de un tiempo caracterizado por lo efímero, recordar a Noah y a Allie es recordar los vínculos capaces de desafiar las leyes de la lógica y la erosión del tiempo. Una obra para dejarse conmover, para hallar la reconciliación con la vulnerabilidad y para aceptar que, a veces, los mayores milagros de la vida se resumen en la valentía de no soltar la mano de alguien, de permanecer junto a su lado aunque las palabras dejen de construirse.
La puesta en escena no solo acompaña a la historia, nos habla a través de los encuadres, la cámara es un testigo silencioso más, que utiliza los planos para reflejar el estado emocional de los protagonistas. La naturaleza aparece como símbolo de la libertad que da el verano: los ríos, senderos, árboles, el mar ...son un reflejo de ese amor sin ataduras de la juventud. Los planos abiertos nos hablan de personajes libres de las convenciones sociales.
Cuando aparece la distancia los encuadres cambian, la intimidad del primer plano se muestra en las miradas que desnudan el alma de los personajes. Son, sin embargo, James Garner y Gena Rowlands los que sostienen la historia con mayor peso siendo Ryan Gosling y Rachel MacAdams un reflejo claro de sus personajes con todas sus virtudes y todos sus defectos. Unos personajes en general que se alejan del arquetipo, que huyen de la simpleza de buenos y malos para mostrarse reales, con imperfecciones, incluyendo a los padres de Allie, y en especial a una maravillosa Joan Allen.
La mirada de Nick Casavettes, inconscientemente se ve influida por su herencia genética, su madre Gena Rowlands, musa del cine indie de los setenta compone un personaje fascinante, y el director no busca delumbrar con artificios ni reinventar las leyes del género, solo transitar por él devolviendo al cine romántico su dimensión más humana y visceral. No pretende ser lo que no es, su verdadera intención es desnudar la emoción, despojarla de cualquier cinismo y obligar al espectador a enfrentarse a la pureza del sentimiento absoluto. En eso, Casavettes honra la memoria de su padre, John (icono del cine indie setentero) y es honesto con lo que nos muestra.
Hay una fascinación por la estética de la época de los cuarenta y cincuenta, la épica de la guerra, el amor como refugio incorruptible frente al tiempo histórico, y a la vez ese cine hiperhumano y naturalista que le viene de serie. Hay una mirada compasiva hacia lo vulnerable que tienen la vejez y la enfermedad. En su origen literario, Nicholas Sparks se inspira en la historia real de los abuelos de su esposa y a partir de ahí se produce el anclaje con la realidad del amor que traspasa los años.
A través de una narrativa clásica, establece un diálogo constante entre ambos momentos temporales,... el ímpetu juvenil y el silencio pausado de la vejez cabalgan juntos complementando la historia. La memoria no es un simple recurso argumental, sino un campo de batalla donde el amor lucha por no ser derrotado por el olvido. Hay una búsqueda casi filosófica donde la devoción no se mide en la intensidad del primer instante, sino en la capacidad de sostener ese recuerdo cuando todo lo demás se apaga. Su propósito último es la conmoción desde la empatía, recordándonos sin el mínimo pudor algo sencillo pero enormemente reconfortante, que hay amores eternos que van más allá de la enfermedad, la memoria, o la muerte.


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