DETENIENDO EL TIEMPO

 

El pasado es algo que podemos recordar pero no tocar y todo lo que se recuerda es borroso y vago”. Así se cierra “In the mood for love” de Wong Kar Wai. Un magnífico retrato del dolor que persiste en la belleza, del amor en sí mismo y de su perdurabilidad en el tiempo.

Su título original, en cantonés es Fa yeung nin wa que viene a significar más o menos “El frescor de las flores se mantiene con el tiempo”. Más de veinte años después de su primer visionado dicho frescor sigue aún con nosotros.

Estamos en 1962, en un Hong Kong convulso a la vez que inquisidor, y vamos a asistir a una reflexión maravillosa sobre el deseo, la existencia y el amor. La melancolía como elemento evocador, que transita desde el inmenso poder del lirismo que Wai nos propone.

Suena la música y la cámara se vuelve lenta, parece casi acariciar los rostros de Maggie Cheung y Tony Leung cuando se cruzan en el rellano o casi rozan sus dedos al pasar por la escalera y mirarse. Una perfecta combinación de sutileza que el director asiático sabe plasmar en pantalla a través de una conmovedora y dolorosa historia influida por las normas sociales y sus propias convicciones.

Wai encapsula el amor enclaustrando a sus personajes en habitaciones que acentúan la claustrofobia. Reduce el universo de Su Li-Zhen (Maggie Cheung) y Chow (Tony Leung) nada existe fuera de ellos. La pérdida, el desconsuelo, la tristeza van haciéndose cada vez más presentes en un tiempo marcado por la rigidez de la presión social.

Un paseo por la soledad, por el engaño, … pleno de delicada evocación a las miradas de sus personajes a través de la fuerza de las imágenes, los colores o el sonido. Como el pintor Hopper, Wong Kar Wai es casi único a la hora de capturar el instante y detenerlo en el tiempo. El uso de los verdes y rojos para mostrar el vigor de los sentimientos empastan perfectamente con las notas musicales que suenan tras cada canción de Nat King Cole.

Una película llena de elegancia, de sugestión, que transita por la reminiscencia constante, por el recuerdo que permanece inalterado. Pocas veces se ha reflejado en pantalla el comienzo del enamoramiento tan brillantemente, quizá en la magnífica “Breve encuentro” (David Lean, 1945) de la que conserva su esencia a través del tormento que se autoimponen los personajes.

In the mood for love” se vertebra casi desde un plano onírico por cuanto a su belleza pero también desde lo efímero de su experiencia. El dolor, el desamor, la magia de atrapar a sus personajes obligándoles a casi circular, a base de susurros, por un camino de pasión irredenta incluso antes de imaginarse.

La memoria ha de quedar inmutable, a través de una atmósfera que en seguida nos traslada al universo del melodrama para hacer crecer a los personajes cuyo destino parece estar escrito. Toda una declaración de intenciones a lo Douglas Sirk ( como bien refleja Carlos F. Heredero en su artículo “La memoria y la piedra” 1 ) . Los encuadres dejan claro que Wong Kar Wai pretende atrapar la esencia, el alma de los personajes, sus rostros, sus pensamientos…

Esa delicadeza a la hora de plantar el objetivo y retratar la angustia y el pesar van más allá de la trama explícita. Hay toda una atmósfera de simbología y elegancia en la historia que nos permitirá identificar cómo afectan la presión social, su falta de determinación y a veces de comunicación, a su emergente relación.

Wai se posiciona claramente cuando pone la cámara y a penas usa el plano general, como si no le importara el contexto, el entorno. Algo que contrasta con los planos cortos en los que nos adentra en la psicología de los personajes. A veces el uso del fuera de campo donde sitúa a los interlocutores da mayor fuerza a la sensación de soledad de dichos personajes. El encuadre enfatiza la frustración, percibimos su mundo interior a través de reflejos, de planos indirectos, del uso de espejos...el uso constante de formas geométricas potencian esa sensación de abstracción que dan los personajes. El aumento en la utilización del plano detalle a medida que avanza la historia nos adentra en su intimismo. La desorientación emocional de dos personajes incapaces de salir del bucle en el que se encuentran es tratada por Wong Kar Wai por medio de cierta confusión espacio-temporal.

In the mood for love” es también una radiografía sobre el sobreentendido, todo aquello que no se muestra explícitamente adquiere mayor importancia. Desde la intencionalidad a la hora de elegir un tipo de vestuario concreto de Su Li-Zhen pasando por la sobriedad del de Chow, el director nos introduce elementos como las plantas o la piedra como simbología de la vida frente a la muerte, y juega a ir entremezclando ambos hasta converger uno sobre el otro. La memoria de una piedra1, la planta como metáfora, como único elemento de vida dentro del dolor.

Wong Kar Wai construye una de las más grandes historias de amor y desamor jamás rodada y nos regala un modo pausado y conciso de mirar las cosas. Una especie de sincronía, de armonía que nos devuelve al tiempo perdido, una especie de parada introspectiva en la que la perdurabilidad del recuerdo se hace eterno.

Rubén Moreno











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