TOPOGRAFÍA SENTIMENTAL
El 16 de Mayo de 1898 el explorador del Ártico, Frederic Cook escribió en su diario: "El invierno y la oscuridad han ido lenta y progresivamente apoderándose de nosotros... “ Justo esto es lo que ocurre en la nueva joya del director gallego Alfonso Zarauza, llamada “Ons”, donde el paisaje, la luz,... el entorno van adueñándose de distinto modo del alma de sus protagonistas.
Mariña viaja a la isla de Ons junto a su marido quien se encuentra en plena depresión tras un accidente. A partir de esta premisa traumática, se elabora todo un relato donde lo más importante será cómo gestionar nuestros propios fantasmas internos.
“Ons” es ante todo un viaje al interior de las personas y sus emociones...la luz del inicio que irradia el personaje de Mariña (Melania Cruz) va a ir poco a poco apagándose a medida que el entorno se hace más gris y oscuro. Por contra, Vicente (Antonio Durán) parece cada vez más arraigado a la isla. Ese trasvase de sentimientos y mimetización con el entorno, está filmado con un tempo preciso que a partes iguales tan evocador como perturbador.
Una narración apoyada en el subtexto, (eso que intuimos pero no vemos porque no se dice) se entiende perfectamente con solo mirar los ojos de los personajes. Todos tienen siempre algo más de lo que cuentan, sus rostros reflejan lo que son y lo que querrían ser porque ante todo “Ons” es una película para hacernos mirar hacia dentro.
Huyendo de tópicos que se acerquen a redenciones personales a través del retiro en un entorno idílico, la película de Zarauza va mucho más allá de esta idea recurrente. Nos habla de la poderosa fuerza de los silencios y de las ausencias. La existencia de un trauma para poner en cuestión el universo personal hace que los sentimientos y los gestos se fundan con el paisaje dibujando escenarios interiores que identifican al espectador de forma concisa. El mar como naturaleza salvaje e indómita, se convierte en uno más de dichos personajes en esta historia introspectiva que gira constantemente como el faro que preside la isla. En la llegada y en la partida tendremos el inicio y el final de un círculo en el que habita una historia personal de la pareja protagonista que lejos de alcanzar las respuestas buscadas, añade otras preguntas aún más irresolubles. El uso de la luz en esos dos momentos define perfectamente ese juego en el que el paisaje se ha convertido en un personaje central que todo lo invade. La atmósfera emergente nos hace transitar por una suerte de ensoñación, donde el misterio nos atrapa haciéndonos dudar entre lo real y lo imaginario. El lirismo de las imágenes se sustenta en un poderosísimo marco donde sentir la angustia y la vulnerabilidad.
La lluvia, el frío, las mareas...todo converge para transformar esa luminosidad inicial ilusionante en un inhóspito paraje donde la aparente felicidad irá poco a poco opacándose hasta convertirse en fragilidad. Un juego de equilibrios donde la orografía juega en contra de los personajes que no se sienten cómodos allí. La importancia de los detalles como elemento para hacer avanzar la historia o para definirla, a través de gestos, miradas o recuerdos en apariencia inconexos que toman sentido a través de una, en apariencia inofensiva e inexplicable, frase en un momento determinado.
Aún con este envoltorio que pudiera parecer onírico sin serlo, lo que nos cuenta Alfonso Zarauza es mucho más. Catalogado como thriller psicológico, creo que sería más definitorio despojar de etiquetas a esta película por cuanto ahonda en ese cine que nos hace reflexionar y que escaparía al género como tal, siendo éste, un punto más que interesante a la hora de visionarla.
Como ya sintiéramos con Oliver Laxe en “O que arde”, Zarauza construye también un relato magníficamente narrado que entronca con un modo de hacer cine distinto, alejado de pretenciosidad en el que prima el amor al cine, el lirismo y ese modo poético de contar historias. El director galego demuestra su enorme valentía a la hora de hacer dicho cine, enviando un claro mensaje de madurez al espectador. Tras “La noche que dejó de llover”, “Encallados” y la brillante “Os fenomenos” podemos intuir el inmenso amor que Zarauza siente por los personajes que crea, a los que no solo dota de un rol en sus historias sino que se adentra en sus miedos, sus pasiones, sus contradicciones y en definitiva su mundo interior para recordarnos que no son solo personajes de ficción sino que también llevan algo de nosotros.
Rubén Moreno


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