LA VUELTA A CASA



Volver a casa para encontrarse a sí mismo, regresar al lugar donde una vez fuimos felices, a las raíces, ese lugar con red en el que poco a poco te sientes indestructible. Regresar a las risas, a la despreocupación, a un cuarto lleno de discos y posters que permanece inalterado desde el día en que te fuiste de casa para ser músico en Londres.

De esto y muchas cosas más nos habla “La banda”, una estupenda película de Roberto Bueso, que ahonda en la búsqueda de uno mismo, en la angustia existencial de una generación que ha crecido en la indefinición. Llenos de dudas no se diferencian demasiado de la que le precedió, la búsqueda constante de ese lugar en el mundo, la falta de comunicación, la timidez, la ternura con la que Edu (Gonzalo Fernández), el protagonista ve como sus padres aún se cogen de la mano. El regreso a casa se convierte en algo más que una excusa para ver a los amigos que se quedaron. Volver a casa es volver a la infancia, y la infancia es el Mediterráneo que cantaba Serrat (“ ...quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa,y escondido tras la cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por dondequiera que vaya...”) 

Ese mar que aparece aquí con su luz para iluminarlo todo, y Edu está en ese momento vital en el que sabe que cuando se vuelva a ir probablemente todo aquello con lo que creció desaparecerá para siempre. Como el Totó de “Cinema Paradiso” (Giuseppe Tornatore, 1988) sabe que al irse le espera el éxito y eso le hará circular entre el temor y la desconfianza.

“La banda” es una película sencilla pero absolutamente deliciosa, que bordea constantemente la melancolía pero también la esperanza. Es además una especie de homenaje indirecto al cine indie de los noventa y ese casi subgénero del joven que regresa a casa para encontrarse consigo mismo. Las dudas ante el futuro incierto, una desacostumbrada naturalidad y el encanto de las películas pequeñas en el mejor sentido de la palabra...Cintas con pocas pretensiones que sin embargo cuentan mucho más de lo que parece a simple vista. La nostalgia como elemento recurrente para emocionar y que aquí sin embargo no es utilizada de forma tramposa. Una de las grandes virtudes de este viaje de retorno de Roberto Bueso es sin duda la autenticidad, los protagonistas se reúnen en torno a un bar, entre cervezas, billar y risas rememoran tiempos pasados felices, el tiempo se detiene en esos instantes de eterna amistad, las risas se mezclan con las inseguridades ante un futuro desconocido y sobretodo lo que flota en ese pequeño universo que logran formar es la ineludible amistad que les une, algo que logra emparentar a “La Banda” con un clásico del cine español como es “Los Chicos” de Marco Ferreri.

El regreso a casa para la boda del hermano mayor, no es sino una tregua, una parada en el camino, antes de emprender el viaje definitivo hacia la madurez. Edu empieza a mirar a sus padres con otros ojos, busca la complicidad a través de gestos tan nimios como el de ofrecer un cigarro a su padre o acurrucarse bajo los brazos de su madre en un sofá, ...”La Banda” es ante todo, un viaje maravilloso en el tiempo para al menos saborear durante un escaso momento de apenas unos días ese período donde no existían preocupaciones, para regresar a los amores juveniles que la timidez y... la lluvia dejaron perderse, para recuperar las sensaciones de cuando todo era tan fácil. Además tiene ese componente casi mágico que dan los pueblos al regresar a ellos, esas bandas de música que alegran cualquier celebración y que casi son un elemento imprescindible...volver a tu pueblo es volver al origen, es ese sitio donde todo el mundo se conoce, donde cada esquina es un recuerdo…


El casting con actores casi desconocidos es otro de los aciertos de la película porque transmite esa sensación de vulnerabilidad a la par que de frescura. La sonrisa resplandeciente de Alicia (Charlotte Vega), la extrema timidez y las inseguridades de Edu, los estrafalarios amigos, …la aparente falta de comunicación entre los hermanos, todo da un aire de sencillez y sutileza que queda claramente plasmado en un modo de rodar sencillo, donde la cámara a penas se nota pero donde el pulso es firme, siempre en el lugar exacto para captar las emociones precisas. 

“La banda” es sobretodo sincera y transparente, llena de ternura y eficacia. Un ejercicio de cine recomendable que se aleja de la gratuidad para dejarnos ese poso de melancolía por lo que dejamos atrás y a la vez de ilusión por lo que llegará y que se refleja brillantemente en cada uno de los primeros planos del rostro tímido de Edu. Una agradable sorpresa con cierto aroma poético que emociona en su justa medida.

Rubén Moreno

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