UN GRITO DE LIBERTAD
"Hijos de Escocia, …yo soy William Wallace y estoy viendo a
todo un ejército de paisanos míos desafiando a la tiranía, habéis
venido a luchar como hombres libres y hombres libres sois…Luchad y
puede que muráis, huid y viviréis, un tiempo al menos; y al morir
en vuestro lecho dentro de muchos años, ¿no estaréis dispuestos a
cambiar todos los días desde hoy hasta entonces por una oportunidad,
solo una oportunidad, de volver aquí a matar a nuestros enemigos?
Puede que nos quiten la vida pero jamás nos quitarán: LA
LIBERTAD!!!!!”
Con este maravilloso y emocionante speach William
Wallace el héroe escocés enardece a sus compatriotas para luchar
contra la tiranía. Estamos hablando de “Braveheart” la
auténtica ganadora de los Oscars de 1996 con cinco estatuillas
incluyendo Mejor Película y Mejor director. Una de las películas
más memorables de la década de los noventa del siglo pasado. Mel
Gibson que había debutado como realizador con la modesta y bien
intencionada “El hombre sin rostro” se arriesgó en esta
superproducción épica que retrata la vida de uno de los héroes más
grandes de Escocia. El resultado ya es de sobra conocido, una
película para la eternidad.
Cuando Randall Wallace, el guionista, estuvo en
Edimburgo de vacaciones quedó fascinado por la estatua de William
Wallace y decidió escribir el relato, sin contar con la parte
histórica a la que luego recurrió para terminar el guión. Su
objetivo era retratar la vida del héroe por encima del devenir
histórico. Esto explicaría algunos anacronismos surgidos en la
película y que cualquier Licenciado en Historia podrá rebatir. En
cualquier caso, el cine siempre tiene esa maravillosa capacidad para
tomarse licencias históricas que en este caso no restan ni un ápice
de emoción, belleza y grandiosidad al film de Mel Gibson que supone
un auténtico canto a la libertad de los pueblos oprimidos.
Sin entrar a valorar los aspectos históricos, la
cinta de Gibson visualmente posee una belleza extraordinaria. Rodada
casi por completo en Irlanda, la majestuosidad de los paisajes hizo
que las localizaciones de la cinta fueran otro de los argumentos más
poderosos para resaltar la vistosidad de esta película. Lugares como
las llanuras de Curragh Plains, el castillo de Dunsoghly o el valle
de Glen Nevis son claros ejemplos de esto.
Contribuye sin duda la banda sonora del
prestigioso James Horner que da la epicidad necesaria en cada
momento, destacando los aspectos líricos de las escenas de mayor
intimismo. Porque otro de los grandes logros de Gibson es saber
conjugar (como en el pasado ocurría con las grandes
superproducciones) los momentos grandilocuentes con otros más
íntimos que sirven como descanso entre unas batallas rodadas de
forma prodigiosa. El exhaustivo trabajo del director cuenta como
referencias técnicas películas protagonizadas también por él
mismo como fueron Gallipoli o El año que vivimos
peligrosamente, ambas dirigidas por Peter Weir o la magnífica
Mad Max. Por otro lado, cabe resaltar cierto lastre sufrido al
incidir en la reiteración de primeros planos sobre el personaje
principal también interpretado por él. En cualquier caso, la
fuerza de la historia es tan enorme que estamos ante una película
que pertenece por méritos propios a los grandes clásicos del cine.
La fisicidad que se siente en cada uno de los planos en los que se
desarrollan las batallas de Stirling o Falkirk traspasa la pantalla.
Gibson utilizó como extras a vecinos de pueblos rivales que dieron
mayor veracidad a la lucha.
“ Braveheart” es por encima de todo un canto a
la libertad, a luchar contra los tiranos opresores, a la defensa de
los pueblos a elegir su destino. Los nobles escoceses rendían
pleitesía al rey Eduardo I apodado “Longshanks” amparados en su
bienestar económico y propia corrupción moral. El pueblo sin
embargo era asfixiado y vilipendiado constantemente. Estamos en
plena Edad Media, el feudalismo en auge constante. La nobleza somete
al pueblo hasta puntos totalmente degradantes y humillantes como el
de la “prima noctis” o derecho de pernada en castellano que no
era más que la potestad del señor feudal para mantener relaciones
sexuales con cualquier doncella la primera noche de su boda.
Cuando Eduardo I convoca a los nobles escoceses
para llegar a un acuerdo sobre el trono, todos son asesinados por
este rey, uno de los más sanguinarios que se recuerdan. Wallace
huye al quedar huérfano y regresará hecho un hombre. A su vuelta se
reencontrará con su amor de siempre, Murron (en la vida real se
llamaba Marian pero no quisieron que fuera confundida con la heroína
de Robin Hood) y liderará la revuelta que provocará el tambaleo de
la corona inglesa cuando Wallace alcance la ciudad de York, la más
importante del norte de Inglaterra y entregue la cabeza del sobrino
del rey en una cesta.
Como todos los grandes héroes de la historia, la
traición será su final. Los poderosos siempre se unirán para
atacar al pobre que se rebela contra el opresor. En una secuencia
maravillosa donde aquí sí agradecemos el primer plano de Mel
Gibson, veremos el rostro de la decepción, la derrota, el absoluto
hundimiento del personaje al encontrar la traición cuando no lo
espera.
Como todos los grandes rebeldes el personaje
provocará fascinación de igual modo que emoción, Wallace posee una
fuerza que emana de su corazón, que lucha contra lo injusto sin
importarle perder la propia vida. Tiene ese componente absolutamente
arrebatador para cualquier espectador, el valor por encima de todo
peligro, por encima de cualquier dificultad, la honradez como código
de conducta.
Wallace simboliza el grito de libertad de un
pueblo sometido que supo alzar la voz y gritar NO a la tiranía de
unos invasores cuyos ardides les valieron para acabar con ese sueño
de una Escocia libre.
En esta lucha contra los invasores no importa
ganar o perder, importa no dejarse someter, no ser humillado,
levantar la cabeza y mirar al frente con orgullo. Como decía en su
speach justo antes de la batalla de Stirling, “…podrán quitarnos
la vida, pero jamás la libertad…” frase que pertenece ya a la
iconografía del cine de todos los tiempos.
Reunidos tras la muerte de Wallace, los escoceses
quedaron bajo el mando de Sir Robert Bruce para rendir honores a la
Corona Inglesa…”patriotas de Escocia, hambrientos y en
inferioridad cargaron sobre los campos de Bannockburn, lucharon como
poetas guerreros, como escoceses, …y ganaron su libertad.
Rubén Moreno
Me emocioné con tus palabras. Enhorabuena gran articulo gran escritor
ResponderEliminarMuchas gracias por tus amables palabras...
EliminarNecesitamos gritos de libertad y de esperanza en el momento más inquietante de la humanidad. Esta crítica de la película BRAVEHEART es muy oportuna. Gracias
ResponderEliminarMuchas gracias, viniendo de este pedazo de blog que es Acorazado Cinéfilo para mí es un honor. Desde luego que necesitamos levantar ese grito de libertad
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