DE ENTRE LOS MUERTOS
Orfeo ya había alcanzado la luz tras su viaje del inframundo, su
amada Eurídice le seguía. Hades había puesto como condición para
permitir su regreso a la vida, que él caminase delante de ella y no
se volviera para ver su rostro hasta que todos los rayos de sol
iluminaran por completo a Eurídice. Orfeo, que ya podía ver como
todos los rayos del sol bañaban su cuerpo, se giró para ver a su
amada regresar de entre los muertos pero Eurídice no había
alcanzado plenamente la luz y en un instante se desvaneció para
siempre.
En 1958 Alfred
Hitchcock dirigió “Vértigo”, la adaptación al cine de la
novela “De entre los muertos” de Pierre Boileau y Thomas
Narcejac y nos regaló una de las más grandes historias que jamás
se han rodado. Un poema hiperbólico visualmente hablando, plagado de
simbolismo, con una poderosísima puesta en escena que te atrapa
desde el inicio con los títulos de crédito de un inconmensurable
Saul Bass. Éste ya nos anticipa a través de las espirales de color,
el aspecto vertiginoso del film y el problema que persigue al
protagonista. Unas espirales que son un elemento reiterativo que
veremos también en el moño de la protagonista, en la escalera de
caracol del campanario o en el maravilloso travelling circular del
beso.
Protagonizada por
James Stewart en el papel de Scottie Ferguson, un ex detective de la
policía que sufre acrofobia y una casi etérea Kim Novak en el rol
de la atormentada Madelaine, “Vertigo “ es un ejercicio de
psicología sexual, de fetichismo, de perversión, de una obsesión
enfermiza... y es que Hitchcock tenía la habilidad de convertir las
obsesiones oscuras en aceptables.
Contaba Scorsese que
era una película donde el argumento no era más que una cuerda donde
colgar cosas pero que esas cosas eran poesía del cine. Hay una serie
de elementos que confieren a esta película la condición de
inclasificable. Hablamos desde su estructura narrativa helicoidal al
uso de los colores pasando por la música hipnótica en muchas fases
de Bernard Herrman y culminando en algunos de los mejores planos que
se han visto jamás.
Decíamos que posee
una estructura helicoidal y es que no en vano en la primera parte de
la cinta la mayoría de las secuencias son filmadas de derecha a
izquierda mientras en la segunda parte se invierte el movimiento de
la cámara y la trayectoria es la contraria. Los colores son otro
elemento revelador, el uso de los rojos y verdes tendrá una
importancia enorme en secuencias donde simboliza el mundo onírico en
el que Scottie está sumergido. La sensación de vértigo constante
del protagonista es lograda a través de un zoom hacia delante
seguido de un travelling con retroceso. Un recurso que posteriormente
podríamos ver en “Tiburón” (Jaws, 1975) de Steven Spielberg.
“Vértigo” fue
incomprendida primero, luego imitada hasta la saciedad y hoy en día
es venerada hasta límites insospechados porque es mucho más que una
gran película. Es la obra más personal del genio británico, una
evocación onírica del amor romántico con tintes casi necrofílicos.
La historia de un amor perdido , la historia de una melancolía, la
misma que invadió a Orfeo cuando perdió a Eurídice.
Scottie, cual Orfeo,
vaga por las calles de San Francisco como si fuera un fantasma en
busca de su amada perdida y de repente la encuentra en Judy, esa
chica que se parece tanto a Madelaine. Comenzará aquí uno de los
giros argumentales más extraordinarios de la historia del cine,
cuando el director ejemplifique como nadie su definición del
suspense. En la novela de Boileau y Narcejac el secreto es desvelado
al final y aquí Hitchcock revela al público el secreto pero no al
protagonista. A partir de ese momento ha creado un vínculo con el
espectador al que convierte en un voyeaur que está deseando llegar
al momento en el que Scottie pueda conocer la verdadera naturaleza de
la historia.
Vamos a asistir a un
diálogo íntimo con el espectador, algo que Hitchcock siempre supo
hacer como nadie. El genio británico siempre adoraba hacer películas
para el público. Esa especial habilidad para rodar historias
policíacas que eran solo una excusa para introducir dilemas morales.
Mientras, Scottie
comienza una obsesiva y enfermiza reencarnación de su amada
Madelaine en la figura de Judy. Es cuando Hitchcock introduce el
elemento sexual. Scottie vestirá a Judy como a Madelaine (metáfora
de lo contrario, es como si la desnudara para acostarse con ella).
Judy cambiara su color de pelo para complacer a Scottie pero aún
queda algo más, el peinado. El moño de Madelaine simboliza la ropa
interior que la chica aún se niega a quitarse delante del chico.
Para Scottie ese moño es la total reencarnación de Judy en
Madelaine y de repente la vemos salir del cuarto de baño con el moño
hecho mientras suenan las notas de la melodía de Bernard Herrman que
nos recuerdan al Tristán e Isolda de Wagner y el milagro se ha
obrado…Madelaine ha regresado de entre los muertos mientras la luz
verde del neón del Hotel Empire la ilumina cual espectro con un halo
mágico. Sin embargo, Scottie como Orfeo ha viajado por el
inframundo y por esos rincones de la mente humana a los que no se
quiere llegar por miedo a lo que hay dentro, violar las reglas de la
vida puede traer consecuencias. “Vértigo” está fuera del
espacio y del tiempo, el plano final de Scottie nos traslada a Orfeo
y ahora el espectador debe decidir si nuestro protagonista se unirá
a su Eurídice en la libertad de la muerte o quedará condenado a
vivir en un mundo sin ella.
Rubén Moreno
Hola Ruben. Excelente critica por mucho que yo no comparta tu gran entusiasmo por esta película. Sin duda, es una de los filmes más personales de Hitchcock, en donde están presentes muchas de sus obsesiones. Toda la parte en la que Scottie trata de convertir a la pelirroja Judy en la rubia Madeleine hasta que lo consigue es extraordinario, quizás lo mejor rodado no sólo por Hitchcock sino por cualquier otro director. Además, la música de Herrmann es maravillosa y la fotografía de Robert Burks esplendida. Pero la historia tiene numerosas incongruencias, el plan del amigo para deshacerse de su esposa, confiando en que Stewart se va a enamorar de la doble y que además por su vértigo no va a poder subir las escaleras del campanario y no va a impedir el asesinato, me parece inverosímil. Además toda la parte en que Stewart sigue en coche a Madeleine por las calles de San Francisco me resulta tediosa. En cualquier caso, el grado de fascinación de varias secuencias y el poder de convicción de Hitchcock se impone en la memoria y nada más que por eso he de considerarlo como una de las películas más importantes de su filmografía, aunque no la mejor. Yo prefiero Encadenados, La ventana indiscreta, Con la muerte en los talones y Psicosis.
ResponderEliminarSaludos.
Muchas gracias por leerme...Estoy muy de acuerdo en lo de lo inverosimil que resultan algunas cosas , quizá ese es el mcguffin famoso de sir Alfred. ...me recuerda lo absurdo de citar a Cary Grant para que un avión lo mate en "Con la muerte en los talones" ... Espero que te guste el blog y de nuevo gracias por participar
EliminarVertigo me hace llorar. Me estremece y me arroja a un mundo en el que solo habita lo sublime. Tu artículo es extraordinario
ResponderEliminarMuchas gracias por leerme...muy de acuerdo con tu apreciación de la película. La atmósfera es brutal
EliminarRuben, VERTIGO es un umbral de sueño, muerte, transfiguración y amour fou pasado por el thriller. Está tan bien hecha que uno se olvida de lo bien hecha que está por la fuerza de la historia. Bernard Herrmann sublime.
ResponderEliminarExacto, me parece sublime, una ensoñación, rodada con un talento extraordinario ... Gracias por leerme. Un saludo
Eliminar