LILI Y FER
“...ninguna
de las mujeres que conocí después de Lili, le puede ganar...”
dice Fer mientras mira a los
ojos de Tutti Tudela, la bibliotecaria que a
lo sumo despierta en él un
leve sentimiento de lujuria, “...puro coqueteo ...”dirá
el viejo profesor a quien han jubilado anticipadamente apartándolo
de la docencia y un poco del ritmo de la vida. Fer no está solo,
tiene a Lili, su mujer, su
compañera, su amiga, su amante, su apoyo y su cómplice. Ninguna
otra mujer puede compararse
a ella para Fer.
Adolfo
Aristaráin dirigió en 2002 a un inconmensurable Federico Luppi en
el papel de Fer en esta joya del cine argentino llamada “Lugares
comunes”. Junto a Luppi hallamos
una interpretación pluscuamperfecta en la persona de Mercedes
Sampietro en el rol de Lili.
La cinta es un compendio maravilloso de frases para almacenar. Un
ejercicio de dialéctica en el que dos actores ya maduros nos enseñan
que no hay nada más brillante a la hora de estar delante de la
cámara que la naturalidad, la perfecta simbiosis entre el personaje
que alguien escribe en un folio en blanco y los matices que el actor
o actriz pueda darle.
El
cine de Aristaráin tiene un poso siempre especial, sus reflexiones
en voz alta remueven conciencias a la vez que emociones. Es
cierto, que probablemente sus textos en voz de otro actor distinto a
Luppi podrían parecer precisamente una sucesión de lugares
comunes , sin embargo ésta es
ante todo una maravillosa historia de amor real, natural y sin
artificios entre el viejo profesor y su mujer, compañera infatigable
y poseedora de una de las observaciones
más lúcidas que he oído en
años “...mi patria es mi marido...” para
ejemplificar esa compenetración que percibimos en su relación.
Asistimos, pues
al idilio
cuasi perfecto que supone su unión, ...capaces de no estar de
acuerdo, discuten sin odio ni reproches, planifican juntos, piensan
juntos, intercambian miradas cómplices que dicen mucho más de lo
que aparentan. Entre Lili y Fer se establece la conexión de quienes
se entienden con
solo respirar uno al lado del
otro. Son cómplices y confidentes, amigos, compañeros, no se han
impuesto la fidelidad, no lo necesitan. Su
amor no es una imposición sino una elección libre. En
medio de todo este maravilloso escenario, las
dificultades propias de la
vida. Una jubilación tan anticipada como inesperada, el pragmatismo
como arma arrojadiza en una sociedad que nos obliga a producir, el
aburguesamiento del hijo que soñaba con otro estilo de vida pero
agarró lo que le aseguraba ese futuro que Fer siempre llama ilusorio
por cuanto no podemos sentirlo tangencialmente.
Tanto Fer como Lili asisten
contrariados a la
desnaturalización de la sociedad creada única y exclusivamente para
ganar dinero, dinero
con el que comprar cosas que quedarán almacenadas o inservibles,
algo que se
antoja como un lastre enorme para el hombre que siente que un mundo
más justo es posible. Frente al discurso de Fer plagado de utopía
se opone el de su mejor amigo, el abogado descreído que
viene de vuelta ya...Aristaráin
pone en boca de sus personajes su incomodidad frente a esta sociedad
que ha elevado a categoría de becerro de oro, el dios dinero, su
discurso puede resultar incómodo pero
es clarividente y conciso. Molesta porque los que siempre han
manejado saben que su falta de escrúpulos es lo que les hace siempre
ganar.
Aquí
surge una referencia fundamental en el carácter de Fer...1789
(año de la Revolución
Francesa) como
nombre de la propiedad que adquieren, una fecha que
se antoja indispensable para este profesor, que sabe que su ideología
no debe pasar de una actitud moral carente de vigencia fuera del
ámbito privado. Esta coherencia le hace ser un tipo
incalificable como le hace ver
el Rector de su universidad, pero “Lugares comunes” no es una
diatriba política, las ideas solo surgen como mero elemento
transmisor,
como objeto indispensable para poder entender a los personajes. Ésta
es una historia sobre la amistad, el amor, la conexión entre una
pareja que lleva toda la vida junta y cómo afronta el último
tránsito vital. De cómo el futuro es en parte ilusorio como piensa
Fer, de la capacidad para sobrevivir de aquellos que dejan a un lado
sus principios por la seguridad. Es además un conjunto brillante de
observaciones respecto a la
vida.
El
trabajo en la dirección de actores es realmente meritorio, los
matices en las miradas se intercalan con los diálogos más
elocuentes.
Mercedes Sampietro demuestra el excelente nivel que siempre han
tenido las actrices españolas, desde la complicidad mencionada
anteriormente participamos de cada gesto entre ellos. Lili sabe
interpretar a la perfección cada momento con Fer, con solo mirar sus
ojos, su ceño fruncido o sus salidas de tono. La grandeza de estos
dos personajes es la habilidad para retratar la realidad, son
personajes de carne y hueso,
tienen sus defectos, virtudes, sus miedos, inseguridades, sus
momentos de obstinación pero si en algo brillan ambos es por cómo
se respetan entre ellos y aquí la cámara de Aristaráin se muestra
como un testigo silencioso al que le da casi pudor entrar en su mundo
particular. El realizador argentino no se regala ni un solo gesto de
sensiblería hacia la galería, la contención necesaria
en cada uno de esos momentos
aparece para emocionarnos aún más desde la verdad.
“Lugares
comunes” es ante todo un
canto a la libertad individual y
a la vida, nos plantea lo necesario
de vivir nuestros sueños, de no traicionarnos
en la juventud en base al “maravilloso” futuro que las clases
dominantes dicen haber diseñado para nosotros si somos capaces de
producir y producir. Es una
obra maravillosa vertebrada a través de las emociones que nos hace
sentir la cámara cada
vez que parece posarse en el rostro de Lili (Mercedes Sampietro) para
casi con pudor arrancarle un pensamiento a esa mirada que se pierde.
Una película imprescindible por cuanto habla de algo tan
trascendental y a la vez sencillo como
son las relaciones humanas.
Rubén Moreno
Rubén Moreno


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