ALGO PARA RECORDAR
¿Dónde
estarás dentro de seis meses?...En lo alto del Empire State…En
Nueva York es lo que está más cerca del cielo.
En
1957 Leo McCarey dirigió un remake de su propia película “Tú y
yo” de 1939 llamada originalmente “Love Affair” y protagonizada
por Charles Boyer y la elegante Irene Dunne. Dieciocho años después,
McCarey tenía más medios (el Scope es maravilloso aquí) y a Cary
Grant para encarnar a Nickie Ferrante, un playboy que está a punto
de casarse con una rica heredera. Para el papel de Terry McKay, se
escogió a una actriz pelirroja de origen escocés que ya se había
convertido en la más querida intérprete de Gran Bretaña, heredando
el trono que habían ostentado en años precedentes las maravillosas
Greer Garson o la propia Irene Dunne. Deborah Kerr le dio al
personaje de McKay un tono de comicidad y naturalidad que si bien
Irene Dunne ya había esbozado en la versión del 39, aquí queda
mucho más patente.
Estamos
probablemente ante la mejor interpretación que la actriz escocesa
hizo en su larga y prolífica carrera. Hasta en seis ocasiones fue
nominada al Oscar no ganándolo nunca. Una injusticia tal que tuvo
que ser repuesta con un Oscar honorífico; ese que durante muchos
años presidió la chimenea de estilo francés que Deborah Kerr y su
marido el escritor Peter Viertel poseían en la casa que desde hacía
más de treinta de años tenían en Marbella. Una casa, que como
describiera Garci, (quien tuvo el privilegio de poder entrevistarla a
principios de los 90) era muy acogedora, muy West Hollywood.
Kerr
fue una actriz versátil, podía ser la institutriz encargada de la
educación de los hijos del rey de Siam en “El rey y yo” ( The
King and I, 1956), la princesa Flavia de “El prisionero de Zenda”
(The prisoner of Zenda 1952), una hija reprimida y totalmente anulada
por su madre en “Mesas Separadas” (Separate Tables, 1958) de
Delbert Mann o podía ser una mujer adúltera protagonizando una
escena tórrida en la playa en “De aquí a la eternidad” (From
here to eternity, 1953) de Fred Zinnemann. Tal versatilidad le viene
al personaje de McKay perfecto por cuanto nos regala momentos de
mucha verdad, nos hace reír, nos hace llorar, nos emociona en cada
plano y nos produce fragilidad en el tramo final de la cinta.
Cary
Grant aporta ese toque tan personal suyo, su elegancia innata al
servicio de unos diálogos chispeantes. Una lección de
interpretación como siempre acostumbraba dejando su impronta de
galán. Esa elegancia innata que Grant poseía es sin duda uno de los
elementos más carismáticos. La capacidad para hacer los personajes
suyos siempre fue una marca de Grant. Le vemos moverse, andar casi
flotando y no podemos sustraernos a otros personajes suyos como en
las películas de Hitchcock, en la posterior “Charada” (Charade,
1964) de Stanley Donen, en las screw ball comedies de Howard Hawks o
en las refinadas de George Cukor como “ Historias de Filadelfia”
(The
Philadelphia Story, 1940)
“Tú
y yo” es una historia de amor de las de antes, una historia de
trasatlánticos, de apartamentos en Central Park, de Champagne Rosa,
de cruceros, de la Costa Azul, de un vestuario maravilloso que
recibió hasta la nominación de la Academia. Una película que
sirve de estudio de lo que es una pareja que se quiere de verdad.
Cada vez que vemos brillar los ojos azules de Deborah Kerr estamos
viendo la intensidad del amor que Nickie Ferrante y Terry McKay
sienten el uno por el otro. Pocas veces en la historia del cine,
hemos podido presenciar tal fuerza en la mirada. La capacidad para
que esa sensación de pérdida del amor y de recuperación se unan de
una forma asombrosa. McKay representa a una mujer inteligente,
honesta, independiente, brillante, apasionada, algo que notamos en
cada uno de esos planos donde comen, donde hablan, donde se miran.
Es el antecedente podríamos decir de la mujer actual, liberada de
cualquier prejuicio anterior.
Resulta sorprendente que la cinta de McCarey quedara más o menos olvidada hasta que precisamente Nora Ephron, guionista de “Cuando Harry
encontró a Sally” (When Harry met to Sally, 1988 de Rob Reiner) brindara un más que merecido homenaje a esta película
dirigiendo la comedia “Algo para recordar” (Sleepless in Seattle,
1993) en la que sus protagonistas Tom Hanks y la entonces gran actriz
Meg Ryan se citaban en lo alto del Empire State como más de treinta
años atrás habían hecho Grant y Kerr. Las continuas referencias a
la cinta de McCarey supusieron un aldabonazo tremendo en la
popularidad de esta obra maestra para las nuevas generaciones que aún
no la conocían. Igual que Cary Grant se enamoraba perdidamente de
Terry McKay, yo hice lo propio con una película que derrocha
sensibilidad y buen gusto.
Algún
día quizá entendamos qué llevó a la Academia de Hollywood a
ignorar una obra maestra de tal calibre como “Tú y yo”.
Propongo a todo buen cinéfilo una sesión doble con ambas versiones
una tras otra, algo que dará sin duda una medida perfecta del
talento de Leo McCarey.
Si
en el tramo final de esta película el espectador no consigue
emocionarse, creo que debería hacérselo mirar. Pongan los kleenex
cerca, apaguen los móviles, comienza uno de esos maravillosos
programas dobles que ponían en el cine cuando nuestros padres eran
pequeños.
Rubén Moreno


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