BOSTON, EL CENTRO DE TODO
Hubo un tiempo en el
que la capital de Massachussets era considerada, sobretodo por sus habitantes,
el centro del mundo. Ser de Boston era pertenecer a la élite y por supuesto ser de fuera de Boston era
considerado incluso una desgracia. Puede parecer exagerado pero los herederos
de la Inglaterra Victoriana
habían hecho de Boston un refugio donde las buenas costumbres quedaban a salvo.
Un lugar donde leer a Ralph Waldo Emerson era ser distinguido y un lugar donde
poder echar raíces y construir su
pequeño universo. Boston era la cuna del puritanismo, Boston era la mejor
ciudad de todas donde uno podía soñar vivir.
Es aquí donde nos encontramos con George Apley, un bostoniano de cuna que
va a ver como su mundo perfecto de costumbres perfectas se empieza a tambalear
de repente. George es un elegante caballero de familia de rancio abolengo. Vive
en Beacon Place, no existe mejor lugar para crecer, formar una familia, su universo
es ideal. Ha sido educado para serlo así.
Ese mundo endogámico en el que las distintas familias de clase alta de
Boston durante años han logrado crear un ecosistema propio. Nadie de fuera es
mirado con buenos ojos. Por eso cuando su hija Eleanor le presenta a su novio, un
profesor de Yale y su hijo John se hace novio de una chica nada menos que de
Worcester, el mundo de George Apley temblará desde sus más profundos cimientos.
El mundo de George Apley (The Late
George Apley 1947) la tercera película de Joseph Leo Mankiewicz nos
muestra el choque generacional entre un padre y sus hijos y nos enseña cómo a
través del amor y la comprensión muchas barreras se pueden derribar aunque
otras permanezcan generación tras generación. Es probablemente uno de los más
grandes guiones que se escribieron en la década de los cuarenta. Basado en la
novela de John P. Marquand, fue adaptada luego para teatro y posteriormente al
cine.
El personaje de George, interpretado por Ronald Colman es la corrección
hecha persona aunque posee la virtud de rectificar cuando se equivoca, alejándose por tanto de ser soberbio, es una
persona absolutamente anclada en las tradiciones y buenas maneras. Un personaje
que no llega a comprender cómo puede haber puntos de vista tan dispares. A
salvo, en su universo bostoniano, Apley
no entiende que alguien pueda comparar la lectura de Freud con la de su adorado
Emerson. Los contínuos cambios en la actitud del personaje de Apley le
confieren al personaje una gran humanidad y veracidad.
George Apley representa la sociedad puritana de Boston, pero sin embargo el amor hacia sus hijos le
hace ver la necesidad de adoptar un cambio en las costumbres. Apley pertenece a
esas familias de clase alta de Boston que siempre han hecho lo correcto. No
importa tener algún devaneo, el camino ya trazado para sus vidas no será
alterado. George Apley tiene esa característica común que siempre han
presentado los personajes de Mankiewicz, es un hombre atrapado. Atrapado por
las circunstancias de una sociedad, la bostoniana ya retratada en multitud de
ocasiones por grandes literatos como Henry James o la magnífica Edith Wharton.
Boston es el origen, Boston es la ciudad más maravillosa de la tierra pero
pertenecer a ella tiene un alto precio. Algo que también podremos ver en
títulos como Cenizas de amor (H.M. Pulham
Esq. 1941) de King Vidor aunque con otro tipo de enfoque muy distinto al de
Mankiewicz.
El choque generacional siempre ha sido un elemento muy interesante a la
hora de contar historias. Aquí veremos cómo ese choque generacional tiene dos
respuestas absolutamente dispares en el hijo y heredero de los Apley y su
hermana. Ambos han dinamitado el mundo perfecto de George, sin embargo su
respuesta ante la llamada a la cordura del patriarca Apley será muy distinta en
cada uno de ellos. El dilema planteado ante la felicidad de sus hijos y la
servidumbre fiel a unas costumbres heredadas hará dudar constantemente al bueno
de George. Esa dicotomía le mantendrá en un plano mucho más cercano al
espectador del que pudiera parecer en principio.
Película de
grandes momentos y grandes frases, un paseo por todo el cine de Mankiewicz. Vemos
una escena en la escalera que veremos posteriormente en “Eva al desnudo” (All about Eve 1950), ese deslizar la cámara para
presentarnos a los personajes como luego haría en Cleopatra (Cleopatra 1963).
Mankiewicz nos
regala una sátira sobre las buenas costumbres y la alta sociedad y lo hace sin
estridencias, con delicadeza, humor y sobre todo muy buen gusto.
Rubén Moreno

Comentarios
Publicar un comentario