LA MASA ES EL MENSAJE







Decía Marshall McLuhan que “el medio es el mensaje”, frase que en estos tiempos podemos adaptar perfectamente al título de este artículo. Un artículo que pretende hacernos reflexionar sobre un fenómeno absolutamente curioso y sobretodo inquietante…el autoritarismo de la masa. 

McLuhan fue un visionario que ya predijo la enorme influencia que tendría la televisión en la sociedad así como también la enorme transformación que provocaría la irrupción en nuestras vidas de ese fenómeno llamado Internet . Una transformación social equiparable a la invención de la rueda o a la Revolución Industrial.

¿Por qué la masa se convierte en el mensaje?

La noticia de la recogida de más de un millón de firmas para que los productores de “Juego de Tronos” cambien el final de la serie al gusto de los firmantes me ha hecho recordar otros actos parecidos que pretendían cambiar el resultado de una obra basado dicha premisa en un gusto exclusivamente personal. 

A salvo de filias y fobias que puedan influenciar mi pensamiento respecto a una serie ya mítica, estoy en disposición de afirmar que vivimos un momento bastante peligroso en la difusión de la creación artística. El hecho de pertenecer a ese minúsculo grupo mundial de personas que no han visionado jamás un capítulo de dicha serie, me da la distancia necesaria para abordar lo que creo se está convirtiendo en un problema bastante grave.

En estos momentos asistimos a un proceso que viene propiciado incluso por esas mismas productoras que han visto como el monstruo que crearon se vuelve contra ellos. En esa absoluta adoración  que siempre ha existido al “becerro de oro” llamado Dinero, las formas de creación artísticas tienden a ser supeditadas a él anteponiendo como siempre los beneficios industriales a todo lo demás. El cine y la televisión son industrias, indudablemente, pero aún queda cierta gente que prefiere ver el lado romántico de la creación, ese que venera algo por su belleza y no por los beneficios que reporta.
En este escenario los creadores de “Juego de Tronos” se convierten en la última “víctima” propiciatoria de una conducta cada vez más habitual y peligrosa. El determinismo que las redes sociales pretenden imponer a las creaciones artísticas viene desde hace tiempo dando muestras de algo absolutamente aterrador. La sola idea de que el creador deba adaptar su obra a lo que el público demanda está produciendo un autoritarismo en la masa que alcanza ya niveles insoportables. 

Un artista debería ser fiel a sus principios, debería crear por el simple hecho de crear y evidentemente aunque esta idea colisione frontalmente con el pensamiento pragmático de buena parte de la sociedad,  no estaría de más,  que a veces,  detuviéramos el pensamiento en algo más que ganar dinero más allá de satisfacer nuestras necesidades vitales.  Muchos de los grandes artistas de la historia fueron personajes que malvivieron pero fueron fieles a sus ideas creativas, no traicionándose a sí mismos y dejándonos un legado eterno. Pintores como Modigliani, Van Gogh, etc…escritores como Edgar Allan Poe o Bécquer,…directores de cine, considerados malditos en una época y posteriormente ensalzados por la crítica mundial hasta convertirlos en directores de culto. Todos ellos son ejemplos claros de que la creación artística no debería abandonarse al criterio, a veces vacío, de quien no es más que un emisor de opiniones personales. 

 
Decía Carlos Heredero, director de Caimán Cuadernos de Cine, que “todo el mundo se siente autorizado a opinar, pero es indiscutible que unas opiniones tienen más peso que otras”1 . Esa jerarquización de la crítica debería ser algo básico a pesar de que evidentemente opinar de algo no implica entender de algo. Si el juicio que tomamos como verdad absoluta es la opinión de quien escriba o tuitee,  es una obviedad remarcar que estaremos siendo absolutamente injustos con la obra en concreto.
Esto es algo que nos lleva de nuevo al origen de la controversia, porque invita a la reflexión sobre si las productoras, cadenas de televisión, medios de comunicación que, cegados por el mercado que se les ofrecía delante de sus ojos, dieron voz pero sobretodo  voto al público,  ahora deben obligar a los creadores a  plegarse a lo que la masa demande o por el contrario mantener sus ideas firmes ante lo que no son más que opiniones, todas respetables, pero que no deben adquirir mayor relevancia que la de mostrar su agrado o no respecto al producto.

Estamos en un momento social complicado en el que todo aquel que opina cree saber de todo llevándonos a territorios inexplorados en cuanto a la hora de influir positiva o negativamente en el resto de la humanidad , no es lo mismo opinar que pontificar o sentar cátedra y por supuesto al derecho inalienable de emitir una opinión debe enfrentarse también el derecho a mantener la opinión contraria a salvo de ser vilipendiado, denigrado o denostado.

Existe una perniciosa tentación inherente al ser humano, que pretende convertir en una perpetua “caza de brujas” todo aquello que le disgusta. Perseguir de modo, a veces virulento, toda manifestación artística que nos desagrade es un ejercicio de totalitarismo que nos hace empequeñecer como sociedad. 


No he visto jamás un capítulo de la serie “Juego de Tronos” pero ojalá los creadores no se muevan ni un centímetro de su idea. Imagino a los haters de ahora montando una campaña en 1942 para cambiar el final de “Casablanca” y me empiezo a poner muy muy nervioso.

Rubén Moreno

(1 Entrevista a Carlos F. Heredero para la Univesidad Carlos III de Madrid https://www.youtube.com/watch?v=jt_1c73cXlg )




Comentarios

Entradas populares de este blog

OCHO MIL CAPAS

LA VOZ DORMIDA

EL SENTIDO DE LA VIDA