¿TE GUSTA EL CINE? NO.
Una pregunta que se
suele convertir posteriormente en una afirmación, incluso en tono
condescendiente es esta de: "¿Qué? ¿Te gusta mucho el cine,
eh? Eres uno de esos".
No, no me gusta el cine. Me gusta el café con hielo que me prepara mi señora en verano, después de comer, me gusta la tarta de queso que hace ella. Me gusta el color rojo, me gustan la pasta y la pizza o me gustan los huevos fritos con patatas...eso me gusta, pero también podría pasar sin esas cosas y no pasaría nada (bueno excluiría en eso de que puedo pasar a la tarta de queso y a los huevos fritos) El cine no me gusta. No pertenezco a ese gigantesco grupo de población que dice que le encanta el cine. A ese grupo que en oleadas poblaba las colas de las multisalas cada fin de semana, antes que el mundo decidiera darse una tregua en forma de virus. No, no me puedo incluir en ese grupo que se sienta frente a la pantalla y dice que adora el cine pero solo lo entiende como un modo más de ocio.
A mí, no me gusta el cine. Yo soy un tipo “raro”, un elemento diría disruptor en cualquier conversación sobre cine (cuando ¡oh milagro! Alguien nombra alguna película en una reunión en mi entorno) , un tipo raro digo, uno de esos que se emocionan con el cine de Bergman, que es capaz de soltar alguna lagrimilla si Antoine Doinel va en el furgón policial dejando su París natal camino del reformatorio o si el hijo le da la mano al padre en “Ladrón de bicicletas”. Soy esa especie de gafapasta (ya mismo las uso) que disfruta “viendo crecer la hierba” 1 en las pelis de Rohmer. Capaz de erizársele la piel si en el plano final el rayo verde2 se dibuja en el horizonte.
No,
no me gusta el cine, porque me parece genial el “jumpin-cut” de
Godard en “A bout de souffle” y a lo mejor tú ni siquiera sabes
quién es ese Godard del que hablo. Yo soy (como dice Jorge Drexler)
“ese tipo callado, con aires de intelectual...”3
que piensa que “El Sur”
es la mejor película española que se ha hecho nunca y
se rebela cuando escucha aquello de “yo
no veo películas españolas".
Justo en ese instante es
cuando mi cerebro me avisa que debo dejar de hablar de cine contigo
que me habías dicho que te encantaba el cine. Soy,
ese ser extraño que se aburre en
las películas de acción,
que no aguanta los
anuncios que interrumpen el
cine en casa. Que no
le gusta entrar en la sala si
ya van 30
segundos desde que empezó. Soy el que cuando alucinas
con Kill Bill, yo ya he visto
esa historia en “La novia vestía de negro” de Truffaut (1968).
Mi adorado Truffaut, del que reconozco jamás fui ni
imparcial ni objetivo. Soy incapaz
de emocionarme con Bradley
Cooper y Lady Gaga porque ya he
visto contar lo mismo por lo
menos tres veces
anteriormente, una con
Friedric March y Janet Gaynor en 1937, otra
con Judy Garland y James
Mason en el 54 y hasta una
con la Streissand y Kris
Kristofferson en el 76. Lo
siento, pero soy así. Por eso no podemos hablar de cine. Porque
al final pareceré un pedante y arrogante y no es mi intención, o
tal vez sí, depende de quién seas tú.
Si vas
de entendido, no tendré
piedad, si eres humilde podrás entrar en nuestra sociedad
secreta, esa
especie de iluminatis
del cine.
Amar el cine apasionadamente, significa ver todo aquello que los demás no veis. Mirar a través de los ojos de Hitchcock o de John Ford. Entender la fuerza que tienen las mujeres en el cine de Howard Hawks y saber ver que ellas son siempre más inteligentes, más intrépidas, más interesantes y sobretodo más resueltas e independientes que sus protagonistas masculinos. Amar el cine implica conocerlo, respetarlo y defenderlo y cada día aprender de él. No basta con decir que te gusta el cine. Si amases el cine, no permitirías que en tu presencia se dijeran frases tan absurdas como “...el cine en blanco y negro no lo puedo ver...”. ¿Qué pasa que tienes una enfermedad en los ojos y no puedes ver a Humphrey Bogart decirle a Ingrid Bergman “...siempre tendremos París...” solo porque es en blanco y negro?
Amar el cine es ser de Filmin y no de ninguna otra plataforma. En Filmin está el paraíso y solo los elegidos lo sabemos. A estas alturas si sigues leyendo ya te habrás dado cuenta que los que amamos el cine por encima de todo y a diferencia de a los que solo os gusta, vamos por caminos muy diferentes. Para nosotros y parafraseando otra vez a Jorge Drexler lo importante es “...amar la trama más que el desenlace...”4.
De todas formas no todo está perdido, es probable que ese affaire que mantienes con el cine y al que das la misma importancia que a otras actividades de ocio en tu vida, con el tiempo y la debida instrucción se convierta en amor verdadero y tu fidelidad hacia él te haga por fin emocionarte con aquellas pequeñas cosas que los demás seguirán sin ver y tú ya sí lo harás. Mientras tanto intenta imaginar cómo sería la vida si no hubiera existido jamás el cine y si te entra una especie de pánico vital, aún tienes remedio. El cine es una especie de vida de repuesto, que usamos cuando todo va mal. Una especie de bálsamo para los malos momentos, un modo de vivir en la piel de otros experiencias extraordinarias. Como decía Aute, “...que toda la vida es cine, y los sueños cine son...”5
Rubén Moreno
1 En la película “La noche se mueve” de Arthur Penn (1975) se dice la frase “...ver una película de Rohmer es como ver crecer la hierba en directo...”
2 “El rayo verde” de Eric Rohmer (1986)
3 “Don de fluir” canción de Jorge Drexler
4 “La trama y el desenlace” canción de Jorge Drexler
5 “Cine, cine, cine” canción de Luis Eduardo Aute.

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