EL DOLOR IRREPARABLE


¿Existe algo más perturbador, cruel y devastador que la llamada telefónica de un hijo en peligro pidiendo auxilio? Así se iniciaba prácticamente “Madre”, el corto que Rodrigo Sorogoyen convertía en un film del mismo nombre y que nos permite continuar formando parte de la vida de Elena, diez años después de tan traumático arranque.

Desde la angustia inicial partimos en un supuesto viaje a ninguna parte, a una especie de irrealidad en la que una excelsa Marta Nieto se introducirá en la piel de Elena para sobrecogernos en cada uno de sus gestos plenos de verdad. Podemos sentir su dolor, su entorno permanece ajeno, y eso nos da una especie de poder en la historia que nos hace comprender mejor cada gesto, cada detalle irracional, cada mirada perdida o llegado el momento cada sonrisa. Elena no encuentra su sitio en ningún lugar, solo parece estar cómoda en esa playa, reviviendo cada día el mismo instante y emergiendo en una existencia que ya le es extraña desde quizá demasiado. Podemos captar perfectamente su ausencia, sus miradas al vacío. Marta Nieto se sumerge brillantemente en su personaje para dejar de ser la actriz y convertirse en la madre, en la “loca de la playa” que perdió a su hijo hace diez años.

Misteriosa... hipnótica por momentos a la vez que llena de desasosiego, no estamos ante un thriller sobre desaparecidos, ni siquiera un drama, es mucho más que eso, es un viaje a la nada para intentar seguir avanzando, seguir construyendo cuando ni siquiera quedan fuerzas.

“Madre” huye de los tópicos, se escapa de las convenciones, incluso parece tener intención de provocar en el espectador cierto desasosiego o exasperación y lo hace desde el convencimiento de la madurez propia de quien observa la tragedia desde fuera. Sorogoyen pone el escenario, lo filma maravillosamente a base de formato panorámico, dando amplitud a la imagen que se muestra como un envoltorio preciso y preciosista que se solapa con una fotografía y una ambientación idílica. Precisamente en mitad de esa belleza, Elena solo siente devastación, sus pequeños instantes de felicidad siempre tienen que ver con segundas oportunidades imaginadas, no hay nostalgia mayor que aquello que nunca ha ocurrido.

El dolor permanece, nunca se va, solo se toma de vez en cuando alguna tregua y siempre con los mismos protagonistas, Jean y Elena, cada uno en su universo, cada uno con sus motivaciones, dispuestos a converger uno en el otro. Jean encarnando el amour fou de los dieciséis años y Elena en esa necesidad de vivir experiencias o emociones arrebatadas bruscamente, aferrándose a la esperanza de algo que ni siquiera sabe cómo llamar. Surge un deseo irrefrenable de compartir momentos que el director nos ofrece a través de un relato valiente y atrevido que huye de ese arranque inquietante y de puro thriller con el que hemos comenzado.


Madre” gira en su propuesta y se vuelve una historia mucho más interesante por su naturaleza propia, plena de verdad, ...asistimos a la pérdida, a la desorientación, frente a lo que no podemos ni siquiera identificar, sentimientos indescriptibles para continuar avanzando. La felicidad de momentos insignificantes como un paseo por la playa, con el agua mojando los pies, un baño en mitad de la noche y un abrazo lleno de instinto... “Madre” transita en torno al miedo al amor, al intimismo como manera de expresar cosas. Huye de su arranque, y eso le da la fuerza de las propuestas que sorprenden y nos remueven del asiento. 

 Elena viaja a la luz, intentando salir de esa permanente oscuridad en la que se ha instalado y que la acerca a la locura. Lo hace a través de algo tan básico como es el amor. Un amor que cada uno entiende a su modo, huyendo de tópicos o verdades asentadas. Ese sentimiento que visto desde fuera nunca es igual para quien mira, se establece una especie de necesidad mutua de estar uno junto al otro para rellenar sus vacíos existenciales, algo tan inofensivo aparentemente produce en quien mira desde fuera una especie de pseudopoder para estigmatizar conductas que se salgan de lo convencional. Todo lo que suene a perverso, a extraño ya es juzgado sin remisión y sin ningún atisbo de posibilidad de redención. Somos desconfiados ante lo desconocido. “Madre” es ante todo una historia de amor, con todo el poder curativo que éste tiene y que se refleja perfectamente a través de dos escenas plenas de simbolismo, la llamada inicial llena de desasosiego da paso a otra llamada, esta vez plena de redención final. Cercana por momentos, en lo psicológico, a la extraordinaria “Un soplo en el corazón” de Louis Malle, huye del convencionalismo y de las etiquetas, siendo el propio espectador quien deba sacar sus conclusiones porque el director no necesita explicarlo, confiando en la madurez de quien mira la historia.

Un tránsito a la luz desde la oscuridad, una historia que plantea preguntas irresolubles, que nos descoloca en nuestros posicionamientos para hacer que la propuesta de Rodrigo Sorogoyen sea mucho más atractiva al alejarse del planteamiento inicial y se adentre en lo que de verdad alimenta a los personajes...sus propios sentimientos. 

Rubén Moreno 

Comentarios

Entradas populares de este blog

OCHO MIL CAPAS

LA VOZ DORMIDA

EL SENTIDO DE LA VIDA