ELLA TE CAMBIARÁ LA VIDA





El mundo podría dividirse en dos tipos de personas, las que sueñan y las que no. ¿En qué escenario nos gusta estar? ¿Somos soñadores todo el tiempo o solo a veces, o tal vez nunca? Es probable que nos hayan inculcado desde siempre una cierta superioridad moral de aquello que sirve para algo material, frente a lo que solo produce efectos beneficiosos a nivel espiritual. Es más que posible que hayamos crecido pensando que aquellos o aquellas que sueñan no son más que seres un poco raros que no encuentran su sitio en el mundo.  

En 2001 Jean Pierre Jeunet iba a rodar una fascinante fábula acerca del amor, la imaginación, los buenos deseos y la desbordante frescura que desprendía su protagonista, Amelie Poulain, un personaje convertido ya, en un icono del séptimo arte, en cuya piel se metía una extraordinaria Audrey Tautou para convertir la cinta gala en todo un acontecimiento universal.

Amelie Poulain no es una niña como las demás, tiene un mundo interior que a ojos externos puede parecer extraño pero que conecta con la idea maravillosa de que dentro del ser humano es más que probable encontrar la bondad si buscamos bien. “Amelie”es una perfecta metáfora de cómo el mundo se divide entre las personas que sueñan y las que no, entre las que imaginan que siempre todo puede ser mejor o más bonito, y los pragmáticos que siempre lo ven todo negro e intentan imponer su superioridad moral al resto. Pensar que dicho pragmatismo conlleva en sí el sentido de la vida, no sólo es erróneo sino altamente pernicioso y Amelie ha decidido que va a dedicar su existencia a hacer felices a todos los que la rodeen. En una especie de extrapolación de sus pensamientos a la imagen que percibimos, la importancia de “Amelie” está en el efecto que produce en el espectador. Dicen que las buenas historias son las que hacen reflexionar y ésta sin duda lo es. Un prodigio técnico que ensambla perfectamente con su mensaje amable y altamente recomendable.

El colorido y la fascinante melodía de Yann Tiersen son piezas de un puzzle que completa casi siempre esa mezcla de sonrisa ingenua y pícara que nos regala al espectador cada vez que ella “rompe la cuarta pared”. “Amelie” posee la magia de los cuentos, el sabor inequívoco a infancia que se entremezcla con una valentía enorme a la hora de rodar una historia que como su protagonista, escapa de clichés, ideas preconcebidas y formalismos. La especial habilidad del director para jugar con el espectador, nos va seduciendo desde el arranque con la voz en off que describe situaciones cotidianas como si fueran mágicas. La cuidada forma de enlazar la cotidianeidad con la imaginación, nos retrotrae sin duda a esa infancia donde nuestro mayor tesoro, la imaginación, va perdiendo importancia con el paso de los años. La extravagancia de los personajes empasta perfectamente con ese mundo casi onírico en el que parece pulular la señorita Poulain. Un brillante ejemplo de inventiva, casi desbordante que nos dibuja una permanente sonrisa a lo largo de todo el metraje.

¿Dónde reside el encanto de esta historia tan a ratos irreal? Sin duda en el deseo de encontrar un mundo donde todas las personas tuvieran ese toque tan delicioso que Amelie otorga. Porque Amelie cambia el mundo que la rodea a través de pequeños gestos, a veces, insignificantes para unos, pero enormemente importantes para otros. Descubrir el inmenso poder que puede llegar a tener una vieja caja de recuerdos, una palabra amable, una sonrisa, un gnomo pintado en el jardín, ...la complejidad de una mente trabajada desde pequeña, en universos de soledad infantil, ...Jean Pierre Jeunet nos regala un personaje deliciosamente irreal para precisamente desnudarnos frente al espejo de las mezquindades, las insidias y las malas vibraciones que el mundo real nos ofrece a diario.

“Ella te cambiará la vida” era el conocido y acertado lema para promocionar la película, una deliciosa frase que esconde nada más y nada menos que toda una declaración de intenciones respecto a la influencia que ejercerá en el espectador que la visione. Incapaces de sustraernos al soberbio efecto de sus acciones, la ternura, la sensibilidad y la delicadeza se posan sobre nuestras mentes al descubrir el universo particular de la señorita Poulain. Plena de poesía, de irrealidad pero a la vez de encanto, el surrealismo se torna belleza en cada esquina de Montmartre, en cada plano del Sacre Coeur, en una constante serie de referencias, cinéfilas, literarias y visuales que hacen que cada escena nos vaya envolviendo en un fascinante viaje sensorial.

Por supuesto, siempre nos encontraremos ese tipo de personas que encuentran insustancial cada uno de los detalles insignificantes de la vida, esos que verán en “Amelie” a una chica rara haciendo cosas extrañas, y que jamás podrán alcanzar a entender la magia del “fabuleux destin” al que están asistiendo. Este tipo de personas son las que nunca sueñan, son las prácticas, las que encuentran absurdo y anormal el mundo de las ilusiones, de las pequeñas cosas; los que jamás le verán el placer que existe en hundir las manos en un saco de legumbres o partir el azúcar quemado con una cucharilla. Son ese tipo de personas que desprecian todo lo que no les puede producir beneficios materiales. Incapaces de entender que existan cosas que solo produzcan placer personal.

Para los soñadores sin embargo, siempre existirán esos espacios privados y a la vez mágicos donde refugiarse cuando el mundo se pone oscuro. Esos universos llenos de luz, de optimismo y de buenas intenciones que están plagados de personas como Amelie Poulain, capaces de hacer la vida un poco mejor a los que la rodean. Esos universos donde suenan notas de Yann Tiersen, dos copas bailan al viento y un gnomo recorre medio mundo mientras una joven alza su copa pensativa en mitad del cuadro de Renoir “El almuerzo de los remeros” (Le dejeuner des canotiers) para recordarnos la importancia de no dejar nunca de soñar. 

Rubén Moreno 

Comentarios

  1. Esto es lo que necesitamos Rubén. Amélie es un soplo de libertad. Hace poco en uno de mis artículos definí de una manera muy "améliana" la libertad como "ráfaga individual de desobediencia". Aunque la película se plantea como un puzzle de destinos entrecruzados, la rebeldía de Amélie es la que inventa y sueña esos destinos que tienen que cumplirse porque ella lo quiere así. Felicidades Rubén

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    1. Muchas gracias por leerme. Yo tb creo que Amélie simboliza bien ese deseo de libertad

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  2. Gracias Primo. Me emocionaste yo pertenezco a ese tipo de extrañas Amelie fue un soplo en mi vida. Gracias Acorazado Cinefilo tus palabras también me emocionaron

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