LLUEVE SOBRE MANHATTAN





    Hablar a estas alturas de que Woody Allen está perdidamente enamorado de su ciudad, es una obviedad innecesaria, lo que parece casi mágico es la todavía capacidad del genio neoyorquino para seguir transmitiéndonos esa adoración a la ciudad de los rascacielos, y más concretamente a la isla de Manhattan, y que esa adoración nos penetre por cada uno de nuestros poros. Hablamos de esta pequeña joya que Amazon trató de hurtarnos en una campaña mediática deleznable contra Allen y que responde al ya de por sí romántico título de “Día de lluvia en Nueva York”. Una película que nos evoca a esas dulces comedias de los años 30 donde Lubitsch o Gregory La Cava aparecen como referentes claros. 

      La pasión de Allen por su Manhattan recorre cada uno de los instantes  en los que la luz que Vittorio Storaro utiliza, nos impregna de night clubs, músicos de jazz y dry martinis que a su vez se entremezclan con el Metropolitan Museum  of Art (MET) o con el Moma. Sus ya conocidas referencias cinéfilas y culturales nos enriquecen a partir, de la naturalidad. Esos lugares comunes distan mucho de parecer reiterativos y permiten que el espectador poco a poco vaya siendo seducido por los encantos de la ciudad que nunca duerme. El lirismo evocador que permanentemente otorga la lluvia al romanticismo nos, hace transitar por territorios ya explorados continuamente y que sin embargo nunca dejan de fascinarnos. Esas casas del Upper East Side, los edificios de Park Avenue o esos paseos en coche de caballos por Central Park son ya acompañantes recurrentes en una filmografía que siempre ha ponderado por encima de todo un magnífico gusto a la hora de rodar. Como decíamos al principio, Woody Allen está perdidamente enamorado de su ciudad pero además necesita que nosotros también lo estemos de ella y al igual que en la adorable “Cuando Harry encontró a Sally” (Rob Reiner, 1989) el otoño en Nueva York se antoja como un escenario idílico para mostrarnos todas las filias y fobias que este genio de la dirección ha tenido a lo largo de su carrera como cineasta. 


      En mitad de ese personaje vivo que es su ciudad, Allen, nos cuenta la historia de encuentros, desencuentros y equívocos de una pareja de universitarios que pasa un fin de semana en Nueva York. Gatsby (Timotheè Chalamet) se convierte aquí en el alter ego del director,  construyendo un personaje que como él mismo, parece haberse querido quedar anclado en un período que ya no le pertenece, una especie de contrapunto vintage a toda una sociedad robotizada que desprecia todo aquello que no tenga una utilidad práctica. Gatsby adora jugar al poker,  los piano bar, los cocktails de media tarde y la lluvia sobre Nueva York, …no hay nada tan romántico como un perfecto día gris y brumoso que acaba convirtiéndose en un día de lluvia. Esa lluvia que aparece aquí como un referente onírico, una especie de ensoñación…y nos evoca ineludiblemente la melancolía de Chet Baker. Frente a su personaje, aparecen por un lado a su novia Ashleigh, una extraordinaria Elle Fanning que llena la pantalla en cada escena, y a la que querrá enseñar “su ciudad” en una especie de condescendencia intelectual  y a Chan, la hermana de una antigua novia cuyo papel interpreta brillante y sorprendentemente  Selena Gómez. 


    Hay un poco del cine de Woody Allen en cada uno de los personajes del film. Así lo encontramos en el director en crisis (Liev Schreiber), en el guionista neurótico (Jude Law) o incluso en el actor de escaso talento y enorme popularidad que Diego Luna interpreta. A pesar de esto, el realizador se “redime” y como en una especie de metáfora de las entrañas del cine y de su a veces exasperante superficialidad,  se aleja un momento de ahí para conmovernos en un embriagador monólogo donde Cherry Jones, que interpreta a la madre de Gatsby,  desarma a su hijo emocionalmente. Curioso paralelismo el que nace aquí entre esta película y “Call me by your name” donde el personaje de Elio también interpretado por Timotheè Chalamet vuelve a quedar desarmado emocionalmente esta vez en una charla final con su padre. 

     En un envoltorio maravilloso como es éste de “Día de Lluvia en Nueva York” podemos encontrar toda su filmografía, pero esa permanente sensación de deja vu, sin embargo parece hasta gustarnos por cuanto nos recuerda todo aquello que nos apasiona. Esa ceremonia identitaria que logra Allen es la que da a su cine atemporalidad y modernismo. La incertidumbre del protagonista nos resulta cercana, y cómo consigue atravesar todo este estéril terreno de su existencia para encontrar esa luz que le llevará a no traicionarse a sí mismo, uno de los pecados más terribles de cualquier ser humano. Woody Allen demuestra un  inmenso amor y comprensión por sus personajes, a los que cuida indefectiblemente de parecer vulgares.

    Es hora ya de pasear, la lluvia aparece como una amenaza maravillosa, …hay un inequívoco aroma snob en el ambiente, … suena música de Irving Berlin y alguien se ha sentado al piano a cantar “Everything happens to me”. Puede que no te importe, o tal vez sí pero las hojas secas comienzan a inundar el suelo y el paisaje se vuelve cada vez más bonito. Comienzan a caer las primeras gotas, algunas parejas corren mientras otras se detienen besándose y mirando al cielo, …es otoño en Nueva York y…Llueve sobre Manhattan. 

Rubén Moreno




Comentarios

  1. Después de leer tu artículo habrá que ir a ver la película

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  2. Me encantó la película y me gusta mucho tu artículo 😘

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  3. Se me ha escapado porque duró muy poco en cartelera... Pero la tengo pendiente, a poder ser en una sala de cine.
    Descubrí Manhattan justo en ese característico otoño incipiente. La magnífica luz de la ciudad me transportaba de regreso a un lugar soñado y familiar. Dorothy Parker ya me había regalado una atmósfera inaprensible que flotaba en la mirada dorada de Allen.

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  4. Muchas gracias por comentar. Es un placer tener lectores así. Me ha encantado la referencia a Dorothy Parker

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  5. Creo que llego a destiempo para opinar,ya que la vi cuando se estrenó entre Octubre y Noviembre. He visto casi todas las pelis de Woody Allen. No todas. De la que aquí se hace mención, no me gustó. Un tema demasiado repetitivo: Nueva York y su amor por ciertos lugares de la ciudad. Con un par de malas actuaciones. Además del guión , entre exagerado y absurdo. Sobreactuadisimo Jude Law, todo lo contrario que Selena Gómez, que no actúa. Suelta el diálogo que le han dado y pone cara de no saber ni lo que dice. Del resto, correctos, pero sin estridencias. En mi opinión , cuando Woody Allen no sale como actor,pero decide que otro actor haga de el, suele ser confuso o directamente fallido. Quizás ya debería retirarse ? O no hacer tantas películas y espaciar las más. Opino.Seria un buen final para una excelente carrera cinematográfica. Saber retirarse a tiempo. Solo es mi opinión, of course.

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    1. Gracias por leer el artículo. Evidentemente discrepamos de lo que hemos percibido pero esa es la grandeza del cine. Un saludo y gracias por participar con tu comentario.

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