EL CINE COMO VEHÍCULO DE EMOCIONES



Cuando era pequeño me gustaba mucho que las películas acabaran con un final feliz. Fue la primera vez que vi "Murieron con las botas puestas" (Raoul Walsh, 1941) cuando descubrí que no siempre pasaba eso.

Surge así un deseo casi inherente a nosotros de sentir felicidad cuando la historia llega a su fin y muchas veces tendemos a valorar la cinta en función de cómo termina. Cometiendo la terrible injusticia de testar solo el resultado y no el proceso. 

En "Érase una vez en Hollywood"... Tarantino reivindica su rol de creador desde un prisma absolutamente independiente que le lleva a transitar por territorios ya explorados pero absolutamente maravillosos. Su libertad a la hora de crear y de reescribir a su antojo lo real le coloca en un escenario donde parece moverse de modo sobresaliente. 

Estamos ante un puzzle que muestra sus piezas en aparente desconexión, una sincronía un tanto deslavazada que por momentos puede hacer perderse al espectador pero donde Tarantino en todo momento sabe su oficio. 


Estamos ante una obra personalísima con todas las referencias con las que creció el director y a las que homenajea constantemente. Todo gira en torno a una especie de simetrías donde las dos caras se muestran como un todo. La realidad (Sharon Tate, Polanski, Los Manson, el Hollywood de finales de los 60, los hippies) acompaña a la ficción (un actor en declive y su inseparable amigo) en un viaje pleno de reflexiones en cada uno de sus diálogos, en escenas tan extraordinarias como la de Brad Pitt llegando al mítico Rancho Spahn, donde por sí sola estamos ante un western descontextualizado donde el suspense se convierte en algo tangible o un momento tan extraordinario como el de Di Caprio en el rodaje donde convergen de nuevo ficción y realidad para hacer avanzar la historia. 

La química de ambos actores traspasa la pantalla y sustenta indudablemente a la película siendo su principal aval. Tanto Pitt como Di Caprio convencen desde sus personajes, ampliando sus registros en una suerte de doble rol, por un lado sus carreras profesionales y por otro sus lazos personales que serán definitorios en el tramo final. Si Margot Robbie en su papel de Sharon Tate simboliza la luz y las ganas de vivir, el otro lado del espejo muestra a Rick Dalton (Di Caprio) como el actor cuya carrera se oscurece mientras él intenta resistir . Ambos convergerán en un tramo final admirable donde poder relanzarse. 

Tarantino como ya hiciera en "Malditos Bastardos " diez años atrás reivindica en el cine ese componente utópico que reescribe la historia en una especie de transición entre lo ficticio y lo real, para reconfortarnos en la búsqueda de esos instantes de felicidad. 
Una especie de vendetta poética como bien escribe Carlos Heredero donde Tarantino como creador no se queda en la superfície sino que la transforma por completo regalándonos además esa sensación de que el cine es un vehículo de emociones como no existe otro 

Rubén Moreno

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