LA CHICA QUE MIRABA A LOS DIAMANTES
Érase una vez una chica llamada Holly que vivía en uno de esos edificios rojos del Upper East Side, que tenía un gato sin nombre y que a veces se bajaba del taxi que la traía de vuelta de alguna fiesta para tomarse un café y un croissant frente a Tiffany’s. Envuelta en un as gafas de sol y un vestido largo de Givenchy, unas perlas blancas rodeaban su delgado cuello mientras miraba el escaparate. Una chica de campo, reinventada en la ciudad que nunca duerme, en el lugar donde todo es efímero, don de el lujo y las apariencias contrastan con la fragilidad emocional de los personajes que la habitan . Una chica libre, adelantada a su tiempo, en un mundo que la quiere enjaular, mientras ella busca la manera de s alir s iempre huyendo. Sofisticada, glamourosa pero sobretodo ...frágil. Un ser atrapado entre la independencia y su necesidad de amor. La independencia a través del deseo, de su rebeldía a la hora de mostrarse libre para dejar claro que no pertenece a nadie. ...