EL DOLOR A TRAVÉS DEL SONIDO
“...que no lo comprendamos no significa que no sea real...”
Con esta maravillosa frase el espectador confirma sus “augurios”...acaba de introducirse en una trampa de la que probablemente salga devastado emocionalmente.
Hablamos de “Voces”, el debut en el largometraje del realizador algecireño Ángel Gómez Hernández, todo un seguro en el género de terror, como ya ha venido demostrando a lo largo de su joven pero prolífica carrera de cortometrajista con trabajos tan brillantes como “Y la muerte le seguía” o el multipremiado “Behind”
En el arranque vemos como la cámara se posa en un plano cenital sobre una piscina abandonada sobre la que ha caído una pelota roja (declaración inicial ya de amor al género en forma de homenaje). Cuando terminemos el viaje al que el joven cineasta nos invita a recorrer, asistiremos a otro plano cenital de la misma piscina, esta vez sin la pelota roja pero mucho más desolador.
Lo que habremos percibido entre estos dos planos similares es un ejercicio de cine mayúsculo del que no podemos separar el innegable hecho de estar ante un cineasta debutante que conoce su oficio mucho mejor de lo que debiera por edad y carrera. Su incursión en el largo transmite una enorme cinefilia adquirida sin duda desde su infancia a través de uno de sus referentes indudables, su propio padre, el escritor Ángel Gómez Rivero, quien además aquí realiza un notorio cameo. Esta especie de tributo al cine del que ha bebido, dista mucho de ser un lastre,...se diría todo lo contrario, se asoma como elemento absolutamente enriquecedor y que a los amantes del género les apasionará por cuanto aparece como aderezo de la historia principal, la cual sin embargo circula perfectamente por sí misma. El clímax que es capaz de crear bebe de sus influencias pero a la vez aporta su propia naturaleza, en lo que sería una especie de devoción por lo clásico, por lo gótico...algo que se entremezcla con el terror moderno y que desemboca en una personalísima visión del género, sobria y concisa sobre elementos perturbadores clásicos del género .
Y es que desde que aparecen las primeras escenas nos damos cuenta de que no estamos ante “otra película de casas encantadas” sino mucho más. Una especie de viaje tenebroso, excitante...sórdido incluso, pero a la vez elegantemente rodado, un prodigio técnico a base de movimientos de cámara perfectamente justificados, que huyen del alarde innecesario y que crean a su vez una atmósfera de tensión y angustia en el espectador sea o no aficionado al género.
El propio desarrollo de la historia central nos sumerge en una total indefensión emocional ante lo que se nos muestra en pantalla. El cineasta algecireño juega con nosotros, nos desarma, nos desnuda, nos deja desvalidos ante su historia. Aprovecha la excelente fotografía de Pablo Rosso para fabricar una especie de universo, o de limbo en el que transitan los personajes, sin ningún tipo de mecanismo de defensa que los ponga a salvo.
Es aquí donde emerge una más que cuidada dirección de actores que sustentan poderosamente el peso de la historia narrada. Excelente trabajo de Rodolfo Sancho empastando perfectamente con sus compañeros de reparto. Ana Fernández simbolizando el escepticismo, Ramón Barea lo contrario, el creyente en fenómenos paranormales que busca justificar sus dramas personales a través de la irracionalidad de lo que se nos escapa del conocimiento. Belén Fabra como madre sufridora, plena de dolor y angustia y de entre todos, surge un prodigioso Lucas de Blas, en el rol de Eric, el niño protagonista.
No, no estamos ante otra película de miedo, no estamos ante algo que ya hayamos visto muchas veces cómo nos lo contaban de forma similar, ...asistimos a un brillante debut en un género en el que el cine español siempre ha tenido una especie de complejo respecto a las grandes producciones hollywoodienses y que aquí demuestra que no tiene nada que envidiar a esa otra industria. Tras ese puñetazo en la mesa que supuso “REC” de Jaume Balagueró y Paco Plaza, dos de los referentes patrios de Ángel Gómez Hernández, no encontramos en la filmografía española una irrupción en el género similar.
“Voces” surge como deseo de contar historias desde la sencillez, con un inequívoco sentido de la atemporalidad o del localismo. Lo que nos narra tiene la misma fuerza, independientemente de dónde y cuándo suceda la acción. Es indiferente que la casa esté en la sierra madrileña o en algún recóndito paraje de Nueva Inglaterra.
Retrata
los arquetipos del cine de terror pero a su vez impregna de
personalidad propia el discurrir de la historia. Tiene
la frescura del que debuta en cine, pero a su vez, la madurez
necesaria para afrontar el reto de mantener pegado a las butacas al
espectador independientemente
de su afición o no al género.
Es valiente cuando debe
serlo, arriesgando y saliendo de esa zona de confort que son lugares
comunes a otras cintas similares donde los elementos clásicos
repetidos hasta la saciedad llegan a aburrir al espectador. Aquí hay
mucho más, no hay ostentación, hay honestidad en los planos y en
los personajes y sobretodo hay amor al género.
Podemos afirmar sin duda que estamos ante un autor de primer nivel, con un futuro extraordinariamente prometedor que a través de ese ineludible amor, del que hablamos, por el cine con el que ha crecido nos va a regalar, sin duda, algunas de las mejores producciones que se hagan en los próximos años. De momento, la escena post crédito nos invita a soñar con futuras secuelas o quizá alguna saga, algo que sería sin duda una maravillosa noticia.
Rubén Moreno



Gracias por darnos a conocer este nuevo cine
ResponderEliminarA ti por leerme. Un abrazo
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